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martes, 13 de diciembre de 2011

Amores Destinados

 CUARTA PARTE

Los días pasaron sin poder detenerlos, fueron tan rápidos que las vacaciones se impusieron ante mí.
Bien dicen que la vida se escapa de nuestras manos y pasa tan rápido que no nos damos cuenta.

-        ¿en qué piensas? – me pregunto Silva acostándose en la cama
-        En lo rápido que vivimos… - suspire al terminar y la mire atreves del espejo, ella hizo una mueca de molestia
-        Bueno aunque vivimos rápido, también disfrutamos todo – inquirió con su voz cansada.

¿Y quién no estaría cansada? Quiero decir las dos pasamos horas en las tiendas comerciales comprando ropa, más específicamente su ropa.
Más de cinco horas yendo de aquí para allá, fue muy cansado y agotador.

-        Sabes… solo quiero dormir – me comento con un bostezó y acomodo su almohada para darle forma y así dejo caer su pesada cabeza – Si quieres quedarte, sabes que puedes hacerlo… - dijo en un pequeño susurro con sus ojos cerrados – claro, solo no vayas al cuarto de mi hermano a violarlo – bromeó entre sus labios cansados y su conciencia mas dormida que despierta.

Yo puse los ojos en blanco y luego la mire para reírme quedito ante su pequeña broma. Silvia siempre ha protegido a su hermano y cuando se dio cuenta que su hermano estaba detrás de mí, le dio mucho coraje y vergüenza; ella había tenido miedo que yo ya no quisiera ser su amiga, pero que tonta idea, después de todo Silvia siempre fue la mejor amiga que he tenido.
Salí con cuidado del cuarto de mi amiga Silvia y cerré lo mas quedito posible la puerta para no despertarla.

Camine por un pasillo de varias habitaciones (en realidad la casa de Silvia podría definirse mejor en una mansión y no una casa común), así que allí me encontraba en el piso donde estaban todas las habitaciones familiares, según recordaba Silvia me había explicado que las habitaciones de huésped estaban en el siguiente piso de arriba…

-        ¿A dónde vas? – pregunto una voz detrás de mí, y yo me congele al oírlo

Tenía que darme la vuelta para mirarlo, pero mi corazón ya estaba palpitando como loco. Hacia…pum, pum, pum, pum… sin parar…

Aun así eso me hizo recordar que no había escuchado su voz en más de un mes completo. Claro que mis ojos siempre lo miraban en la escuela y en esta misma casa; pero él nunca me dirigió la palabra desde que lo bese sin su permiso.

Creo que el hecho de que él no me hablara era una especie de castigo por mi travesura.

Tome aire y me gire para verlo.
Esos ojos me miraron con curiosidad y al cruzarse nuestras miradas él desvió la suya rápidamente. No sabía si la desviaba para no ponerse nervioso, o la desviaba porque ya no quería verme.
Una gran incógnita…

-        Iré a una habitación de huésped, para quedarme a dormir – le respondí mirándolo fijamente
-        ¿y quién te dijo que podías quedarte? – me cuestiono con una ceja arriba

Ok, ¿qué diablos quería? ¿Qué me fuera a estas horas a mi casa?


-        Tu hermana me dijo que podría quedarme, - baje el pie que ya tenía en la escalera y el soltó un pequeño bufido – Ok… ¿Qué sucede contigo? – lo cuestione cansadamente
Necesitaba que me digiera porque se encontraba molesto conmigo…

Gustavo levanto una ceja arriba y sonrió
-        ¿yo? – pregunto con inocencia – Yo no tengo nada. – se detuvo para verme de arriba para abajo y yo sentí que el calor subía a mis mejillas – Mas bien que sucede contigo. Sabias que he tenido algunos enfrentamientos con tu… - se detuvo para cambiar la palabra que había querido decir –... compañero Raúl… de seguro te gusta esta situación , ¿no?, quiero decir una chica entre dos chicos que “supuestamente” – hizo las comillas con sus dedos – estamos peleando por ti… - se burlo ante sus propio comentario

No me gustaba que todos hablaran de mi, pero en si todo eso era cierto, aunque Gustavo quisiera ocultarlo. Yo sabía que en verdad me quería, ahora más que nunca… o al menos eso me había asegurado mi amiga Silvia.

Yo sonreí ante su comentario y mis pensamientos que volaban rápidamente.
-        Si, si digamos que toda la escuela habla de eso – le dije crudamente

-        Pues, deberías tener un poco de educación y dármele la gracias – su voz sonó indiferente – Pero en vez de decirme “gracias”, vienes aquí a dormir en una habitación de mi casa; no crees que es un poco absurdo… todavía que te ayudo con ese tal Raúl, quieres que te haga el favor de que te hospedes en mi casa…

Desvié la mirada y cruce las manos en mi pecho fuertemente. Tenía que respirar porque ya me había enojado.

¿Quería que le diera las gracias? Gustavo era un…

-        ¡Idiota! -  intervino alguien gritando a unos cuantos pasos de nosotros. Ambos miramos a la persona que intervino nuestra conversación.
Una chica de cabello corto, con una nariz pequeña, venia directamente caminaba a donde estaba Gustavo…

-        ¡Oye! – salto Gustavo sonriéndole y la abrazo de inmediato.
Yo me quede como estatua sin saber que decir o actuar.

¿Quién era esa chica?

Cuando se apartaron ambos mantenían una sonrisa y se miraban con alegría.
-        Gustavito – expreso en diminutivo su nombre – Ya te extrañaba…
-        Sí, claro – inquirió Gustavo aun tomándola de la mano –Esos mensajes en mi facebook  y en mi correo… casi no me convencían que me extrañabas – le dijo irónicamente

Esa chica le dio un pequeño golpe en el hombro y luego me miro con una ceja arriba.
-        Mmm… ¿ella quien es? – saco la pregunta un poco avergonzada ante su mala educación de no saludarme
-        ¡No es nadie importante!  - expreso Gustavo sin mirarme
-        ¡Oye! – le regaño esa chica a Gustavo por su falta de tacto, y se soltó de él para extenderme la mano – Soy Cinthia Fernández – se presentó y yo le tome la mano para estrechársela.
-        Soy Lizbeth, Lizbeth Mondragón – también me presente y luego ambas nos soltamos la mano. No podía negar que me Cinthia me transmitía una buena vibra de ser una chica muy buena.
Pero el ver que era muy amiga de Gustavo me hizo sentir un poco celosa.

-        ¿y… es tu novia? – le pregunto a Gustavo un poco seria
-        ¡¿Qué?! –dijo alterado ante la pregunta de su amiga – Claro que no – le negó rápidamente y posteriormente le tomo de la mano – Vamos necesitamos hablar en privado – casi la arrastro de donde yo me encontraba. Cinthia levanto levemente los hombros de arriba hacia abajo para que yo viera que casi la arrastraba a la fuerza y antes de perderse detrás de la puerta de Gustavo me dijo – Fue un placer conocerte …
-        Yo igual – le grite
-        Y tú espera allí – me ordeno Gustavo y cerró la puerta de su habitación.
No sabía que habitación tenía Gustavo y ahora me alegre de saber que solo estaba a dos puertas delante de la habitación de Silvia.

¿En verdad iba a esperarlo?

¿Por qué no? – Se pregunto una parte de mi – Solo recuerda sus ojos… acaso no son lindos y su cabello…
Ok. Basta, no iba a comenzar a tener fantasías con él…
Suspire y subí rápidamente las escaleras hasta llegar al cuarto donde Silvia siempre me dejaba dormir y allí fue donde me recosté en aquella cama tan grande; pero igualmente blanda y cómoda.

Mire la gran ventana que tenia a mi lado y recordé que debía llamar a mi casa para avisarles que iba a quedarme a dormir con Silvia. Me levante de mala gana y busque el teléfono… después de unos minutos comencé a marcar a mi casa.

Mamá no contesto porque aun no llegaba de trabajar, pero mi padre fue el que contesto. Mi padre nunca me había dicho que no era más abierto que mi madre, aun así le dije que me quedaría a dormir en su casa porque ya era muy noche para salir e ir a casa.

-        Muy bien, hija – me dijo antes de colgar – Solo cuídate y si sucede algo solo llámame e iré por ti – me aseguro. Le di las gracias y colgó.

Deje aquel teléfono inalámbrico y me dirigí a la gran ventana que tenía una forma rectangular muy larga, me pare enfrente de esa ventana o ventanal y me di cuenta que media dos veces mi estatura o al menos eso calculaba.

Comencé a sentirme cansada y me recosté en la cama. Y me profundice en los más hermosos de mis sueños.

Hasta que…

Alguien tocio a mi lado.

Yo entre abrí los ojos y me di cuenta que estaba boca abajo recostada. Quise ver quien me había despertado, pero mi cabello me impedía mirar. Volví a cerrar los ojos y volvieron a toser…

-        Ahss – exprese con fastidio ante la persona que quería despertarme apropósito
-        Sabes te dije que me esperaras – me comento aquel chico cruel llamado Gustavo – Pero que haces aquí, no te dije que te fueras de mi casa …
Me enoje ante tal comentario que ni al caso venia, ósea, yo estaba dormida en casa de mi amiga y no era la primera vez que me quedaba en aquella habitación.
¿En verdad creía que me iría solo porque él me lo decía u ordenaba?

Levante con cuidado mi cabello y lo mire sentado a un lado de mi cama con ambos pies arriba. Sus manos las tenia cruzadas detrás de su cabeza y su cuerpo recargado en la cabecera de la cama.

Gustavo me observó fijamente y trago saliva.
-        ¿entonces?
-        ¿entonces, que? – le pregunte sin intenciones de escuchar sus estúpidos argumentos
-        Ya me harás caso…
-        No – el negué cerrando los ojos. No porque no quisiera verlo, si no porque tenía bastante sueño – Por favor, Gustavo… solo déjame dormir – le con un hilo de voz por el sueño que tenia – Mañana seguiremos hablando… ¿sí?

El dio se movió un poco en la cama y después de unos segundos dijo:
-        ¿sabes quién era esa chica que viste? – me pregunto con un susurro. Algo me decía que se encontraba más cerca de mí, pero no quise comprobarlo porque mis ojos me pesaban, no obstante ya tenía dos noches de no dormir bien. Una por ir a una fiesta de reconciliación con Silvia y otra porque la noche anterior mi madre no llegaba a casa, y me sentía muy preocupada. Hasta que ella llego argumentando que se fue a una fiesta con sus amigos de la oficina. El punto es que no dormí bien dos noches seguidas y sin contar que este día había sido muy agotador
-        ¿Cinthia? – le respondí sin abrir los ojos
-        Si, se llama Cinthia – dijo un poco desesperado – Pero ella es una amiga de… - ¿Por qué dudaba? Y ¿Por qué me estaba diciendo esto? – mmm… de
-        Solo dilo – le solté cansada. Entre más rápido lo dijera mas rápido me dejaría dormir.

Oí como suspiró y dijo:
-        Ella es amiga de Rebeca…
-        Ha, que bien – dije sin prestarle atención
-        Me siento un poco… confundido y – se detuvo y luego lo dijo – deprimido
-        Solo piensa en cosas buenas – le conteste más dormida que despierta. En realidad no sabía que me decía.
-        Según Cinthia, Rebeca quiere regresar conmigo – inquirió en un susurro. Era extraño porque podía asegurar que olía su perfume y sentir el calor de su cuerpo cerca del mío – Vino a decirme que todos merecemos una segunda oportunidad…
-        Eso es verdad – le asegure – Todos deberíamos de tener alguna oportunidad
Si en ese momento hubiera pensado mejor el lo que dije creo que en el futuro no estaría dándome topes en la cabeza por mi idiotez.

-        Gracias por escucharme – me agradeció – Solo por eso te dejare dormir
-        Gracias- le sonreí aun inconsciente

Saque un bostezo y sentí un pequeño beso en mi frente, el cual no reaccione porque me quede profundamente dormida.



Al día siguiente pensé que toda esa absurda charla era solo parte de algunos de mis sueños locos. Silvia fue a despertarme, muy segura de que yo me había quedo a dormir.
-        Buenos días… - me dijo alegremente saltado en la cama . que bueno que no te fuiste – luego me miro – al menos debiste tomar algo de mis batas para dormir o por lo menos cobijarte con las sabanas …
-        Lo siento – me disculpe
-        No importa – sonrió  y su estomago rugió. Ambas comenzamos a reírnos – Deberíamos de bajar a desayunar – me dijo frotándose con las manos su pequeño estomago – Vamos – me motivo para pararme – hay que ver que nos hará de desayunar Tere

Y así bajamos por las escaleras. Teresa era su muy linda ama de llaves, hacia todo el quehacer con otras tres sirvientas, pero Tere era la encargada de la cocina y de las otras tres señoras que limpiaban y aseaban la gran casa de Silvia.

Cuando nos acomodamos en las silla de madera enfrente de la cocina (ya que el comedor no se utilizaba para las comidas solo para fechas importantes), Teresa nos dejo con una sonrisa enfrente de nosotras un gran plato de fruta con un jugo.

Silvia hizo una mueca de disgusto.
-        Tere, ¿a caso estoy a dieta? – le pregunto

La señora Tere le sonrió y le dio una palmadita a Silvia en su mejilla.
-        Hija, ese es un buen desayuno – le expresó tiernamente
-        Lo sé – le contento un poco divertida, pero a la vez molesta – Pero yo quería unos hot-cakes – le hizo una mueca de gatito suplicando así para que le preparara unos Hot cakes
-        Muy bien, Silvia – Tere se rindió ante la suplica de Silvia – Pero solo te hare dos
-        Ok – luego me miro y agrego – También hazle dos a mi amiga
-        Muy bien… - y se giro para preparar los hot cakes

Desayunamos, y subimos a bañarnos, para posteriormente vestirnos.
Cuando bajamos para irnos a comprar algunas cosas que según Silvia necesitaba como accesorio de joyería y de cabello, nos despedimos de Tere. Subimos al auto de auto de Silvia el cual no manejaba ella por órdenes de sus padres, y solo lo conducía un chico llamado: Luis, el cual  se encontraba enamorado de mi amiga Silvia.

-        Hola luís – le salude antes de entrar a la puerta que el había abierto para Silvia y para mi
-        Hola, señorita Lizbeth – le sonreí y subí. No pude reclamarle que no me llamara así, el insistía en hablarme de usted y no de tu como se lo había dicho millones de veces.

Cuando llegamos a la joyería, me quede boquiabierta ante tantas cosas de valor allí y Silvia cosa que le gustaba solo lo compraba sin miramientos… sin impórtale la cantidad de dinero que gastaba…

-        Silvia – le llame la atención después de gastar en un pulsera de oro que tenía un cantidad  de cuatro ceros – Creo que deberías de no malgastar el dinero

Silvia me miro un poco molesta
-        A ver Liz – me dijo mientras ponía sus manos en la cintura – El dinero que tienen mis padres es mucho, además déjame decirte que este dinero que gasto es mío y no de mis padres, porque como ya te comente antes…
-        Heredaste dinero de tu abuela – termine su cantaleta de siempre. Según ella su abuela les había dejado toda una herencia a sus únicos nietos, en pocos palabras a Gustavo y a Ella.

Silvia se dirigió a la señorita que le había mostrado todo lo que mi amiga quería ver y de pronto ella volvió a saltar y señalar un anillo de oro con una piedra rosa brillante
-        Mira, Liz – me jaloneo para que viera ese anillo. La verdad si era hermoso – ¿No es lindo?
-        Si  - dije sin ánimo porque no quería que ella siguiera gastando a lo tonto
-        ¿pero qué…? – expreso sorprendida
-        Es que Silvia tu... – iba a comenzar a responderle cuando ella me miro y giro mi cabeza a donde ella había visto algo que la impresiono y no la culpo porque de igual forma me quede helada cuando lo vi.

Mi amiga atravesó por todos los escaparates y trabajadoras de allí que insistían en venderle algo, solo para ir hasta allí. Cuando Silvia ya estaba a punto de llegar yo corrí desesperada hasta allá.
La señorita que nos atendía nos llamo:
-        ¡Señoritas, Señoritas! – pero no le hicimos caso

Quiero decir que llegue a  tiempo y me quede detrás de Silvia. Observe a la chica que en solo mis sueños le había temido: Rebeca, ella se encontraba con Gustavo muy agarrada de la mano de este.
Como si el rompimiento de ambos nunca hubiera pasado. Sabía que era Rebeca por varias razones, primera porque Silvia había reaccionado muy molesta, segundo porque la misma Silvia sin querer me enseño una foto donde se entraba la susodicha  y ultimo porque recordé por primera vez la conversación que había mas o menos establecido con Gustavo…

Aquí es cuando digo, ¿Por qué dije lo que dije?

Sentía muchos celos más de los necesarios. Tenía ganas de tomar a Rebeca del cuello y ahorcarla hasta que se pusiera morada por la falta de aire…

-        ¿Qué diablos sucede? – demando una respuesta Silvia ante lo que miraban sus ojos
-        No es obvio, tu hermano y yo volvimos – le contesto Silvia gentilmente y acaricio la mejilla de Gustavo el cual me miraba.

Sentía que en cualquier momento lloraría, que haría un berrinche allí mismo… me daban ganas de cortarle la mano a esa idiota, de…de… llevarme lejos a Gustavo… quería… haaa… yo misma no sabía como quería reaccionar… solo… solo… no quería que estuviera pasando…

Mi respiración se acelero ante tal escena y pase saliva.
-        ¡No estoy ablando contigo! – grito Silvia perdiendo los estribos – Gustavo dime por favor que no es verdad  lo que esta bruja me dijo – le señalo a Receba – ¡Dímelo!
-        Oye – le iba a comenzar a reclamar Rebeca por decirle “bruja”
-        ¡¿te estoy hablando?! – le pregunto furiosamente - ¿no verdad? ¡Así que cállate!
-        Si, es verdad – le respondió Gustavo indiferente ante el enojo de su hermana
-        ¡Ha! ¡No puedo creerlo – expreso Silvia

Mire a Rebeca de reojo y vi como se aferraba mas al brazo de Gustavo y yo ya no puede más.
-        ¡Me voy! – le anuncie a Silvia – Eso es solo problema de ustedes, luego te veo
Y Salí huyendo de allí. No voltee a mirar hacia atrás y camine, camine, y camine hasta que llegue a una calle sin salida y fue allí donde me arrodille y llore como idiota hasta que la lluvia cayó sobre mí.

1 comentario:

  1. :|
    ...
    :|
    ...
    porque Rebeca tiene que ser la mala! :|
    ...
    buen capitulo hermana :|
    pero porque Liz fue tan t...a si ella quiere a Gustavo deberia de pelear por su amor!!! hahaha que cosas!!!

    Esperare tu proximo capitulo hermana!!!
    Me ha encantado tu historia!!!

    Te mando besos!!

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