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sábado, 4 de febrero de 2012

Amores Destinados

Eterno Amor


Segunda Parte

Todos nos encontrábamos en clase de inglés. La maestra Rocío nos alistaba preguntas por todo el pizarrón, según debíamos pronunciarlas y responderlas correctamente.

Los demás se veían preocupados, porque era un examen oral; pero pues era ingles y la lengua se aprende mejor cuando la hablas.
Creo que la teacher Roció pensaba lo mismo. Aun no terminaba de alistar las preguntas y muchos de mis compañeros escribían rápidamente. No tengo idea de porque lo hacían, si la teacher nos obligaría a guardar nuestros cuadernos.

En cambio, yo dibuje una rosa en mi cuaderno y en el tallo de esta puse varias espinas. Quería recalcar las espinas en todo su esplendor y con una pluma roja pinte las puntas de cada espina de esa rosa dibujada con pluma negra.
Mire mi trabajo y sonreí. Luego volví a tomar un lápiz con la punta filosa y escribí un pequeño pensamiento tonto.
Cuando termine volví a darle un vistazo y en verdad me agrado lo que vi.

Estaba sonriendo por mi gran trabajo de dibujar una rosa, cuando alguien me saco de mis pensamientos.

-        Rebeca – me llamaba la atención mi compañera de mi izquierda. La mire sin comprender que quería, pero ella simplemente me señalo con un pequeño movimiento de cabeza hacia el pizarrón y gire para ver a la teacher que me miraba con los brazos cruzados y muy molesta.

Genial. Estudie por toda una semana inglés y ahora tenía un mal comienzo para mi examen oral.

Sabía lo que esperaba, así que me levante de mi asiento y me acomode mi falda gris. Y baje la cabeza para pedirle disculpas.
-        Lo siento, teacher – dije con pena y con miedo a que ella me dijera que saliera de su clase. Tenía una beca completa por mis calificaciones algo de lo cual me mantenía para vivir. No trabajaba, para estudiar y así después tener un buen trabajo. Al menos ese era mi plan de vida.
-        Srita. Jiménez – comenzó a regañarme con mi apellido – Esta es una clase de inglés – recalco molesta – Discúlpese en ese idioma

Deje escapar un pequeño suspiro y la mire para responderle.

-        Im sorry, teacher – me disculpe lo mejor que pude en ingles. Creo que la teacher no fue tan buena esta vez conmigo y simplemente me indico con un dedo que saliera de su clase.

No tuve más remedio que salir con todas mis cosas y sumergirme en la nostalgia que me quitaran la beca.

Genial. ¿Y ahora qué?

Mire hacia todas la direcciones posibles y no había nadie a la vista, decidí irme a mi casa, de todas formas era la última clase del día y ya no tendría otra.

Fui a mi casillero y alcé algunas cosas adentro.
-        ¿Por qué no estás en tus clases? – salte de miedo al oír una voz a lado de mi, pero al darme cuenta que se trataba de Gustavo solo suspire
-        Me asustaste – admití cerrando mi casillero. 

Sus ojos tenían un brillo que me hacía pensar que en verdad el alma se puede ver atreves de sus ojos. Sus labios frescos como si apenas hubiera terminado de beber un gran vaso de agua, se veían tan limpios y puros.

-        ¿Por qué me ves tanto? – preguntó Gustavo con una sonrisa linda y disimulándola
-        ¿Yo? – salte preguntándole – Claro que no te veo
-        Por favor – replico Gustavo caminando a mi lado – Si literalmente tenías un sueño despierto en frente de mi

Comencé a sentirme engatusada. ¿Qué podía decirle para irme?

-        Claro que no – le respondí caminando más rápido al estacionamiento – Además… ¿Qué haces aquí?
-        Estudio aquí – expreso inocentemente
-        No me refiero a eso – inquirí - ¿Por qué no estás en clases?
-        Creo que yo te pregunte primero…
-        Bueno, - inicie cuando llegamos al estacionamiento y me detuve – La teacher me saco de su clase, en verdad no se qué podre hacer… - dije crudamente
-        Todo saldrá bien – quiso consolarme y de pronto vi como se aproximaba a mí hasta que me abrazo.

No dije nada, porque a la verdad si quería abrazarlo y me perdí en él.
El olor, solo su aroma me hacia respirar más profundo y lentamente. Mi cuerpo me pedía a gritos tenerlo aun más cerca.

De pronto Gustavo me miro y sus labios se pegaron lentamente a los míos. Su dulce beso me hizo perderme en un infinito mas allá, un mundo que nunca pensé conocer y me hacía sentir extasiada.

Nuestras lenguas se encontraron deliciosamente y así estuvimos tal vez segundos, minutos o incluso pudieron ser horas y yo sin darme cuenta.
¿Alguna vez ha amado tan intensamente? Pues Gustavo me hacía sentir tan amada, tan tontamente atada a él…

Con ese beso me hizo saber que nunca lo alejaría de mí, nunca lo aria… él era el amor de mi vida y no solo eso. Gustavo era mi todo. Todo absolutamente, todo.

Cuando nos separamos mis labios pedía a gritos mas de sus besos, pero el solo aroma de su boca me volvía loca.
Tenía que admitir que ya no tenía escapatoria con él. No la tenía y nunca la tuve.

-        Mira – tomo mi mano y la puso sobre su corazón – Tú solo haces que mi corazón haga latidos tan rápidos, ¿Por qué me provocas eso?

Respire profundamente mientras en mi mano sentía en efecto los latidos acelerados de Gustavo. Pero creo que ambos estábamos iguales, yo igual sentía que en cualquier momento se me saldría el corazón.

-        Tal vez, estas mal del corazón – le respondí con un broma
El sonrió con esos dientes hermosos

-        En ese caso tú serás mi medicina – me expreso.
Lo mire con ojos grandes. Sus manos acunaron mi rostro y beso un parte inferior de mi labio. Pero donde me besaba se sentía tan caliente, demasiado caliente…

-        No me tortures, Gustavo – le solté cuando el solo me besaba mi mejilla y el exterior de mi labio.
 Gustavo se detuvo y me miro

-        ¿no te gusta? – me pregunto preocupado

¿Por qué era tan lindo?

-        No seas tonto – le dije riéndome por su preocupación – Claro que me gusta, pero… - rodé los ojos – quisiera que me besaras y no estuvieras solo jugando, ¿no sé si me entiendes?
-        Claro… - sonrió de igual forma y suspiro – Solo que pensé que después de besarnos debía ser un poco más tierno
-        Créeme eres demasiado tierno – se me escapo decirle mientras me mordía el labio pensando en otras cosas
-        ¿a qué te refieres? – dijo el sin entenderme

Me quede con los ojos en blanco. Yo había dicho “tierno” pero para darle a entender que realmente aun era muy inocente y muy delicioso, no como yo, que ya me había metido con Francisco, Hugo y Raúl (mis otros ex novios)

¿A caso Gustavo no se había metido aun con nadie?

Lo mire sorprendida con una mano aun en su corazón.
-        ¿Qué? – pregunto mirando a todas direcciones como si yo hubiera visto algo inusual
-        Quiero llevarte a un lugar – le dije saliendo de mis pensamientos y jalándolo hacia su auto

Nos detuvimos enfrente de su automóvil. Era el único de la secundaria que traía auto.

El comenzó a reírse más enserio e incluso se doblo de la risa

-        ¿Quieres llevarme y me traes a mi auto? – comenzó a taparse la boca con una mano
Se veía realmente tan lindo

-        Oye – le pegue quedito en su hombro – Yo no tengo coche – le hice saber
-        Es verdad – me tomo de la cintura y volvió a besarme - ¿esto significa que somos novios, no? – pregunto Gustavo terminándome de besar
-        Yo… bueno... – dude por un momento
-        ¿Sí? – pregunto con una ceja arriba

Sus ojos me buscaron y no sé que vi en ellos y solo le dije “Si”. Lo cual provoco que me cargara y me diera vueltas como en las películas antiguas (fue divertido y gracioso).
-        ¿Por qué quieres andar con una- comencé a en listarle los apodos que me decían en la escuela - “bruja, zorra y borracha” como yo?
El se molesto antes de ponerse el cinturón de seguridad y me miro.
-        Tú no eres nada de eso – me atajo – Tu eres perfecta para mí y nada mas
-        No lo creo – le negué
-        Cállate o… - pensó por un momento – no te llevare a donde tu deseas ir
-        Ok… - dije abrochándome el cinturón de seguridad
-        Espera, lo hare yo – me dijo y se acerco a mi

No podía creer que tuviera unas pestañas tan lindas y largas. Comencé a sentir algo en mi estomago y mi respiración comenzó a aumentar.
¿Por qué me pasaba esto? Si ya lo había besado… Pero mis reacciones no podía controlarlas.
No cuando Gustavo estaba tan cerca de mí, no cuando apenas éramos novios y no cuando él era tan lindo.

No pude soportarlo y pase una mano sobre su mejilla. Gustavo se quedo quieto mirándome y yo sobe su mejilla como si fuera algo que nunca había visto o experimentado.
Mi mano podía sentir la suavidad de su piel blanca y la perfección de su rostro. Él calor comenzó a subir de mi mano hasta mi estomago.
Hasta que Gustavo me quito la mano y me la beso.

Se sentó nuevamente y esta vez sí se puso el cinturón. Encendió el auto y cuando íbamos a salir de la calle, giro la cabeza y me dijo:
-        ¿A dónde vamos?
-        Solo llega a mi casa, - le dije mirando por la ventana - ¿sabes donde es, verdad?
-        Por supuesto, como olvidarlo – bufo – Si, allí nos golpeamos Raúl y yo, tú nos separaste con agua súper fría y me resfrié por tres días…
-        Lo siento – le dije disculpándome
-        Oye, solo bromeaba – me dijo manejando – El resfriado sí que sirvió para faltar a la escuela y aprovechar el tiempo para mandarte todo esas rosas…
-        ¿rosas? – salte para preguntarle  y me gire - ¿tu las mandaste?

Él solo me sonrió y ya no dijo nada más. En todo el camino seguimos sin hablar, pero no era un silencio incomodo, si no todo lo contrario era como si la cercanía de ambos abarcara todo esos minutos e hiciera que el silencio se acabara y quedara solo el infinito placer de estar juntos en el auto.
Mientras íbamos a mi casa pensaba en todas aquellas rosas que siempre me mandaban. La primera vez que recibí una rosa roja me quede como tonta viendo al mensajero que siempre me traía una rosa roja tres veces al día. Debo admitir que pensé que era un error, pero cuando me confirmo que estaba bien la dirección y mi respectivo nombre, no tuve más que aceptar que alguien me mandaba todas aquellas rosas. Pero lo que realmente me agrado mas fue que esos tres días las rosas que me llevaban eran fueron de diferentes colores. El primer día fue de la rosa de color blanco, el segundo día de color rosa y el último día fue roja.
Todas ellas las recibía en una caja de cristal y dentro no solo estaba la rosa, sino que también venia decorada con otras pequeñas flores.
En realidad era hermoso que alguien como Gustavo se interesara por mí y más que me diera esos regalos.

-        Llegamos – anuncio Gustavo a pagando  su auto enfrente de aquella callejuela que iba hacia mi casa.
Lo mire por algunos segundos y decidí que tenía un brillo especial en sus ojos.

-        Vamos – le motive para que me siguiera. Baje del auto y camine rumbo a mi casa
-        ¿Qué es lo piensas enseñarme? – me pregunto curioso cerrando su auto y corriendo hacia donde yo estaba.
-        Ya lo veras – simplemente le dije eso, para dejarlo con serias dudas
-        ¿Qué es? – volvió a cuestionarme y cuando lo mire vi que hacia un pequeño puchero muy lindo.
¿Pero que estoy diciendo? Todo en el era tan lindo que cualquier chica no lo podría resistir.
En si siempre soy muy segura de mi misma, pero él me infundía un miedo a perderlo a que un fuerza misteriosa lo alejara de mi camino.
Miedo a que mi destino no fuera él. Miedo a no abrazarlo y besarlo.
Y más miedo a que otra (que no fuera yo) estuviera en sus brazos.

El solo pensarlo me aterro y eso me hizo cuestionarme: ¿Por qué lo amaba tanto? Si solo tenía un par de semanas que él se fijo en mi. Lo conocía  hacia más tiempo atrás, él era uno de mis amigos, pero por alguna razón nunca pensé en él como algo más allá… hasta ese día de la fiesta de Silvia (su hermana).

Sonreí ante su puchero
-        No comas ansias – le apreté su cachete como si fuera un niño pequeño
Al  hacerlo él me dedico una sonrisa de miles soles. Nunca antes ningún chico me hacía sentir lo que él.
-        Vamos – le dije siguiendo el camino hasta llegar a la entrada de mi casa
Cuando entramos todo estaba vacío.
Mi madre como siempre no estaba y yo había recogido todo la casa. Entonces el cuartucho que llamaba casa estaba por lo menos más aseado que la última vez que estuvo Gustavo allí.

-        Muy bien y… - comenzó a decirme, pero yo le tape los labios haciendo una pinza con mis dedos.
Al tocar esos labios los sentí tan sedosos, tan tiernos, tan…

Creo que debería de dejar de pensar eso.

Salí hacia el baño y comencé a buscar una pequeña pulsera de plata (la cual era de mi abuelita fallecida, la única cosa que era realmente importante para mí)

Al salir del baño, Gustavo estaba sentado en la orilla de mi cama y mirado para todas las direcciones posibles (no me molesto), eso ya lo había hecho la primera vez que vio como vivía. Llegue ante él y tome su mano extremadamente suave para ser una mano de un hombre, pero al mismo tiempo más grande que la mía y la abrí para ponerle en la palma mi pulsera.
Él  miro la pulsera como sin comprender. Después la miro fijamente entre sus dedos y  fijo su mirada en mis ojos.

Sabía que quería alguna especie de explicación.

Suspire.
-        Es de mi abuela – comencé a relatarle – Es lo único más apreciado que tengo, yo solo quería que tuvieras algo mío
Gustavo se levanto y yo tuve que levantar mi mirada. Porque realmente yo era más baja que él.

-        Eres realmente linda – me expreso mientras nos fundimos en un beso
Nuestras lenguas saborearon ese gran sabor de nuestros labios. No me cansaba de besarlo y pase mi mano sobre su pecho.
Pude sentir su respiración agitada.
Me sentí como una niña en navidad. Sentí que no podría esperar de tenerlo más cerca de mí. Comencé también a sentir que necesitaba más de él.

Él tenía una mano sobre mi mejilla y la otra en mi cintura. Pero yo comencé a tener la iniciativa. Pase una mano debajo de su camisa azul y acaricie su pecho desnudo.
Mis dedos agradecían tanto ese tacto y eso me motivo en meter ambas manos debajo de su camisa.
Su pecho era tan suave como la seda, pero al mismo tiempo atlético. Gustavo no era el chico musculoso, ni tampoco delgaducho, él era el chico atlético de un gran cuerpo. De esos chicos que cuando vas en la calle te detienes a mirar sus encantos de hombre.
De esos que cuando los vez abres la boca (casi saliéndote la baba) y comienzas a solar despierta sin remedio.
Si, de esos chicos… de esos chicos que no puedes creer como llego a ti.

Tal vez, esta vez Dios si estaba de mi lado. O simplemente esta vez era una especie de equilibrio de la naturaleza.
Mi vida siempre fue un asco y Gustavo hacia que realmente valiera la pena vivir.

Quite su camisa y cuando lo hice se sonrojo. No podía creer que in chico como él estuviera allí sonrojándose ante mí.

¿Por qué las chicas como yo siempre sufren para encontrar chicos como Gustavo?
No era mala. Solo había tenido un pasado malo. Pero eso no me hacia ser mala persona.

Puse mis manos en sus dos mejillas y sentí que el calor proveniente de ellas. Sabía que debía estar avergonzado, feliz y dudoso.
Tenía que sacarle las dudas.

Me quite la blusa y la falda que traía enfrenté de él. Gustavo abrió demasiado los ojos al verme en ropa interior. Fui hasta allí y lo abrace. Me quede mirando sus ojos fijamente, el se veía tenso y aun con dudas respecto a lo que íbamos hacer.
No lo culpo. Para mi edad yo ya estaba más que experimentada en el sexo.
Ambos teníamos quince e íbamos a tener relaciones en ese mismo momento.
El miedo era natural. Pero… yo realmente quería hacerlo con él.

¿Quieres tener sexo en tu primer día de novios? …

-        ¿tú en verdad quieres hacerlo? – me pregunto con un hilo de voz
-        Si – le respondí besándolo en los labios

Así fue como comenzó el  cielo.

Cada vez que él tocaba mi cuerpo me hacía sentir tantas ganas de tenerlo más cerca de mí.
Un calor insoportable me inundo. No podía escuchar nada más que mis respiraciones y mi corazón que estaba como loco.

Sentí como sus besos evolucionaron a necesidad y deseo. No tengo idea de cómo los dos llegamos a la cama. Pero lo único que se fue que me encontraba boca arriba mirando su cuerpo denudo. Ni siquiera recuerdo cuando se quito los pantalones y su calzoncillo.
Pero el me siguió besando en el cuello haciendo un camino hasta mis pechos desnudos. Comencé a agitarme en la cama por el placer infinito que sentía.
Mis manos se encontraban a un lado apretando fuertemente las sabanas por el placer que tenía.
Poso sus labios en mi seno derecho, con tal suavidad que me enloquecía. Sus manos acunaron mis caderas y fue bajando hasta mi obligo donde paso su lengua.

No podía creer que Gustavo estuviera haciendo esto. Fue como si él estuviera listo. Fue como si fuera sencillo hacer algo así. Nunca antes me había sentido tan complacida como en ese momento.
Comencé a gritar de placer cuando el llego hasta mi parte y me quito mi última ropa interior que traía.
Deslizo con suavidad hacia abajo para sacar ese calzoncillo que traía y tomo mi dedo mayo de mi pie y comenzó a besarlo haciendo un camino por toda mi pierna.
-        ¿Cómo lo haces? – le pregunte mientras él seguía besándome
-        Es sencillo cuando amas a la persona – me respondió llegando hasta mi parte – Cuando la persona es realmente hermosa como tú, entonces haces todo lo posible para disfrutar el momento

En ese instante no entendí lo que quería decir. Pero ahora que estoy en mis cinco sentidos. Puedo decir que él se refería a que hacia todo eso no porque tuviera la experiencia, si no porque quería que ese día no acabara, quería disfrutar todo de mi, hasta la última parte de mi cuerpo.

Beso incluso mi parte y llego de nuevo a mi obligo. Donde jugó un rato con su lengua. Llego a mi ceno derecho y paso su labios.
No podía ser cierto. Me sentía tan excitada. Estaba que ya no aguantaba por tener sexo con él.

Esta vez paso su lengua sobre mi seno y lo lamio como si fuera un chocolate. Eso me saco de mis casillas y puse mis manos sobre su cuerpo. En definitiva creo que era mi turno. Pose una mano en sus glúteos bien formados. No podía creer lo maravilloso que era sentirlo.
Cuando lo hice él solo me miro.

-        Creo que es mi turno – le dije
Gustavo solo sonrió.
Pase una mano sobre su parte intima y pude sentir que realmente él estaba igual de excitado de yo.
Tomo su parte intima y le puse un condón. Él me miro satisfecho por mi precaución del sexo seguro.

En realidad ninguno de nosotros queríamos terminar siendo padres ¿o sí? Lo dudo…

De pronto me sonrió y fue allí cuando pude sentirlo dentro de mí. Fue algo tan especial, tan placentero, tan delicioso, tan rico…

Mientras hacíamos el amor, puse ambas manos sobre sus glúteos. Él tenía sus manos arriba de mi cabeza ambas abiertas para sostenerse mientras la cama se movía con nosotros.
Fue algo tan lindo.

Podía sentirlo dentro de mí y aun así quería más de él. No quería que parara. No quería que se fuera nunca de mí. No quería que se acabara ese momento.

Después de varios minutos haciendo el sexo, él se quedo exhausto encima de mí. Yo lo bese sin cansarme de hacerlo.

Cuando lo vi observe que estaba sudando al igual que yo. Ambos no encontrábamos en la cama: desnudos y sudados por el ejercicio de tener sexo.
Nunca me arrepentiré de haberlo hecho con Gustavo.

Después el se recostó a mi lado y me abrazo dulcemente tapándome con las cobijas. Puse mi cabeza en su dorso desnudo. Su olor me hacía sentir aun con la necesidad de más.
Creo que todo Gustavo me gritaba “sexo”.

Sus brazos me encerraron contra su cuerpo.
Estaba a punto de quedarme dormida allí, mis ojos comenzaba a cerrarse.
-        Nunca pensé que hacer el amor fuera tan maravilloso – me comento
Yo podía sentir el aire de su boca sobre mi cabeza.
-        Fue maravilloso, porque tu lo eres – le respondí
-        ¿BROMEAS? – Me pregunto apartándome un poco – Tu eres la maravillosa
-        Bueno.- lo pensé por un momento y sonreí – Tienes razón

Y ambos comenzamos a reírnos.
-        Eres muy modesta – dijo él en forma sarcástica
-        Bueno, si yo no me hecho porras, ¿Quién? – le respondí aun acercándome más a su cuerpo. Quería oler su aroma y de pronto mi cerebro comenzó a funcionar para hacer la siguiente pregunta - ¿crees que soy una cualquiera?
El se tenso
Y me levanto el rostro mientras yo desviaba su mirada
-        Para nada – me negó rápidamente – Tu eres para mi “mi todo”. Nunca vuelvas a decir algo así
Le sonreí y lo bese levemente en los labios para seguir abrazándolo. Él me respondió al abrazo fuertemente.

-        Te amo – me susurro en mi nuca
 Y yo me congele ante lo que me dijo.

Una cosa era tener sexo y otra que yo lo amara. Quiero decir, lo quería y creo que si lo amaba, pero él a verlo escuchado me hizo entender que realmente está en un pozo.
Si en un pozo.
Siempre he creído que el amor es un pozo. Cuando te enamoras de alguien caes a un pozo con él y entonces de pronto él es tu todo. Miras alrededor y solo esta él. Porque no hay nadie más que él.

Ese era Gustavo mi todo. Mi vida, mi héroe.

Pero también podría ser mi verdugo y mi enemigo. Gustavo podría cansarse de mí y dejarme en aquel pozo. Podría dejarme allí sola en ese pozo oscuro y frio.
Pero ya no podía correr, porque ya estaba hecho.
Mi destino me había alcanzado y en él tenía que estar Gustavo.

-        Te amo – le respondí  besándolo y pasando mis manos sobre su cuello.

No podía fingir más.

Ese fue el inicio del cielo como dije anteriormente y el inicio también de mi profundo y eterno infierno que siguió después de eso.

4 comentarios:

  1. hermana de mi corazón!!! haha que siempre que me dices que actualizas me vengo como loca a leerte... jajaja y vaya que hermoso capitulo nos regalaste la verdad!!!
    Awwwww de verdad que me encanta Gustavo... y digo: Dios! que hombre :B quiero uno de esos para mi...
    En mi humilde opinión no estuvo así que digas HOT!! jajaja fue lindo, tierno... como tu lo dijiste el inicio del cielo... :B
    /: aunque me causa mucha intriga el pasado de Rebeca... espero que nos cuentes mas sobre esoo... :P
    Es un gustaso para mi leerte hermana... sabes que soy tu fan! te quierooo muchote!!! ♥

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  2. Hola hermana ale am te leo jeje am a que romántico y tierno me gusta aaa me encanta te seguiré leyendo solo paso de rapidin jiji am paso cuando vuelvas a actualizar te quiero besos mua mua

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  3. waw esta genial q lindo es gustavo :3

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  4. Muy buena tu historia quiero seguir leyendo cuando la actualizaras????? Por Favor!!! Gabriela, 39 años

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