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martes, 21 de febrero de 2012

Amores Destinados


Eterno Amor

Tercera Parte

Nos graduamos de la secundaria para adentrarnos a las vacaciones y próximamente a la preparatoria, donde sería algo nuevo que descubrir y experimentar.

Recuerdo que ese día Gustavo y yo salimos a festejar con un grupo de amigos.
Estuvimos un rato en un salón de fiestas que había rentado para la graduación, donde también estaban más amigos de Silvia y del propio Gustavo (los cuales eran demasiados).

Eran las cuatro de la madrugada y todos decidimos irnos a nuestras casas, pero tercamente Silvia se quedo más tiempo con sus amigos en el salón de fiestas.
-        Es inútil convencerla – me platico Gustavo cuando iba a dejarme a mi casa
Él iba manejando (no había tomado nada) y yo por primera vez en mi vida no tome ni una sola gota de  alcohol.

-        ¿ya dejaste la bebida o algo por el estilo? - me pregunto divertido que yo viniera en mis cinco sentidos
Comencé a reírme

-        Pues – comencé a decirle sinceramente – No tengo ningún motivo para estar ebria
Gustavo hizo una media sonrisa y siguió manejando.

Llegamos a mi casa y bajo conmigo. Ambos nos detuvimos en la puerta.
-        Que descanses – expreso metiéndose las manos en sus pantalones, miraba alrededor nervioso.
-        ¿Qué sucede? – le pregunte tratando de que él me mirara
-        Lo que pasa es que… - dijo indeciso – Bueno, es que…
-        ¿Gustavo?
Él suspiro y dijo:
-        Es que dentro de cinco meses vendrá mi madre y quería que te conociera – me dijo- ¿tu quieres?

Me quede boquiabierta al saber que Gustavo quería que yo conociera a su madre. Lo pensé un poco y le dije que sí.
Gustavo exhalo aire aliviado y me abrazo.

Aunque hacia frio, en sus brazos me sentía realimente protegida y fuera de ese clima.

Tome su rostro y lo bese. Sus besos me hacia olvidar todo. Absolutamente todo, era como si solo estuviéramos él y yo.
Nunca antes había experimentado unos besos como los de Gustavo.

Sus labios era mi veneno al igual que su cuerpo. Su lengua me hacia desear mas y mas de él. No podía contenerme con un solo beso, siempre deseaba más y más.

Tal vez era adicta a él.

-        Debo irme y tu descansar – me anuncio apartándose lentamente de mi – Descansa
-        Espera – lo tome del brazo para detenerlo - ¿Y mi besos de buenas noches? – hice un puchero mientras cerraba los ojos para que me diera otro beso
Pude oír una leve risa salir por esos labios que aun esperaba

-        Ok, - dijo y me beso en la frente, yo abrí de inmediato mis ojos y puede ver como se apartaba
-        Oye eso no es justo – le replique molesta por un absurdo beso en la frente, que aunque era muy lindo aun así yo quería un gran beso
-        Ese es un beso – me dijo divertido ante lo que había hecho – Descansa mañana vendré por ti
-        ¿Eso fue un beso? – le pregunte tratando de que me besara de verdad - ¿A dónde iremos?
-        Es sorpresa – comento con cara seria, que a mi parecer no le quedaba
-        ¿Sorpresa? ¿Dónde es?
-        Rebeca, ya te dije es una sorpresa, si te dijera entonces donde quedaría la “sorpresa” en todo eso – me explico tratando de sonar serio. Pero a Gustavo lo serio nunca le quedaba.
-        Por favor dime – le suplique pasando mis manos por su pecho hasta deslizarlos por su cuello y allí volví ha hacer un puchero de nuevo
-        Ahora yo soy el que te digo, esto que estás haciendo no es justo – me dijo mirándome atentamente
-        Yo digo que si

Gustavo me quito las manos de su cuello y dijo:
-        Mañana lo sabrás – me volvió a besar en la frente y fue directo a su auto
Pude verlo como se perdía en la oscuridad y como me había dejado allí como tonta.
Entre a mi casa de mala gana, pero al mismo tiempo muy feliz por tener como novio a Gustavo, ni en mis más locos sueños lo habría imaginado.

Al entrar vi que mi madre estaba dormida y despacio me metí a la cama. Me quede meditando todo y me dije a mi misma como siempre lo hacía “mañana será un mejor día”, cerré los ojos y al instante caí en un profundo sueño.


Al día siguiente Sandra (mi madre) comenzó una especie de interrogatorio las primera preguntas fueron ¿dónde me metía? o ¿por que llegaba tan tarde?  Las preguntas era tan tontas que decidí no contestarlas y decidí salir de allí cuando Sandra comenzó a pegarme como era su costumbre cuando esta drogada.

Pude aun escuchar sus gritos detrás de mí y eso me hizo salir corriendo en esa ocasión lejos de ella.
Iba en la calle cuando me tope con alguien nada agradable.

-        ¿Cómo te va? – me pregunto un chico de ojos cafés mirándome fijamente como un loco sicópata
-        Bien – dije secamente
-        No lo te creo…
-        Estoy bien, ahora si me disculpas tengo que irme – le dije mientras traía una mano en mis labios para cubrirme la herida que tenia por los golpes que me había dado mi madre
-        Te golpeo de nuevo tu madre, ¿verdad? – me dijo afirmando más que preguntando. Me tomo de la mano y comenzó a jalonearme
-        Espera, yo no quiero ir contigo – comencé a preocuparme
-        No te haré daño, vamos…

No tuve opción y gracias a todos los cielos decía la verdad. Llegamos a una farmacia, donde él compro algunas cosas para mi herida.
Comenzó a sacarlas y apartar mi mano. Iba a limpiarme la herida cuando yo aparte su mano y dije:
-        No necesito de tu ayuda, yo puedo sola – tome algodón con alcohol y me limpie la herida

Raúl se quedo allí sentado a mi lado sin mirarme. Después de que termine él comenzó a decirme que lamentaba tanto el golpe que me había dado cuando habíamos terminado, aun así yo no quise disculparlo y lo deje allí.
Pero como supuse me siguió.

-        En verdad no quise hacerlo – me rogaba detrás de mi
Yo era joven, pero no tonta. Tenía quince años pero no por eso iba a decirle regresemos o algo por el estilo.
-        Raúl vete – le dije
-        ¿Seamos amigos? – me propuso y yo me quede sin palabras
¿Cómo había llegado a decir amigos?, en verdad… ¿amigos?...

Lo mire a los ojos tratando de identificar que se proponía con eso, pero en cambio solo recibí una sonrisa.


- Solo dime que “si” – me dijo con una sonrisa que me hacía sentir miedo por alguna extraña razón
     - Si – medio dije preocupada que fuera una especie de trampa
      Gracias –dijo pasándome un brazo en mi espalda – Amiga, ¿A dónde te dirigías?

Yo trate de relajarme y le dije:
-  Con Gustavo – su cara no hizo ninguna reacción y eso significaba que era verdad
     -  ¿Qué sucede contigo Raúl? – le pregunte
     -  Pues el amor cambia todo, ¿no? – dijo mientras amábamos directos a una parada de autobús
     -  Supongo – le conteste levantando levemente mis hombros para restarle importancia
    Yo digo que el amor es súper importante – me exclamo con una sonrisa tonta
Entonces supe que la palabra “amigos” en realidad significaba amigos y ya.
Suspire de alivio, porque Raúl se había enamorado de otro y ya no me perseguía como sicópata detrás de mí.


- Sí, claro – le respondí mirándolo - ¿y de quien te enamoraste?
     -  Ahh, bueno de Verónica, ¿la conoces? – me platico
Negué con la cabeza
-  Es muy linda – expreso más para sí mismo que para mí y eso me hizo dar la impresión que Raúl era de los chicos que siempre conseguían lo que querían y sin mencionar un “loco” con problemas de actitud.
     -  Me alegro – le dije deshaciéndome de su brazo y hice la parada al autobús – Cuídate y Adiós – me despide subiéndome rápidamente al autobús antes de que Raúl o como él decía, mi “amigo” quisiera acompañarme.
Cuando vi que Raúl solo se despedía suspire de alegría.
El autobús arranco y yo solo le di una sonrisa nada sincera a Raúl.

Llegue a la casa de Gustavo aun nerviosa por el encuentro de Raúl y antes de entrar me abrió la ama de llaves “Teresa”.
- Hola Teresa – le salude -¿Se encontrara Gustavo?
      - Si, pasa – me invito a entrar y yo espere como siempre a los pies de la escalera
Aunque Teresa insistía que fuera a la sala, yo siempre ganaba quedándome allí.

Después de algunos minutos bajo Gustavo sonriéndome. Traía consigo una maleta y lo mire con una ceja arriba.
-    Hola – lo salude abrazándolo, el respondió solo pasándome una mano en mi espalda
-  ¿Cómo has estado nena? – me pregunto
-   Bueno después del miedo atroz que tuve… - me detuve cuando vi que su cara preocupada – Bien… he estado bien y ¿tu?
-    ¿Qué miedo? – pregunto - ¿y qué te paso en los labios? – levanto mi barbilla para ver más de cerca
-   No me paso nada – le dije sin quererle platicar lo que me había pasado y me fui por la tangente - ¿para qué es la maleta?
-   Ya luego me dirás que te paso – lo dijo amenazándome sin dejar a un lado esa conversación ya que para él era importante – Pues la maleta es porque nos vamos
-   ¿Qué, a donde? – le pregunte rápidamente
-   Pues, nos vamos a pasear a la una cabaña que tiene mi padre fuera de la ciudad – me comento
-  ¿Por qué no me dijiste?
-  Bueno esa es la sorpresa… - me sonrió

Lo mire por un momento y puse mis manos sobre mi cintura tratando de encontrar lógica a eso
-   No entiendo – le dije sinceramente
     - Que tu y yo nos iremos – me dio un pequeño golpe en la nariz jugueteando - ¿quieres ir?
Eso realmente me saco de mi realidad. Fue como si el universo me diera una oportunidad tan grande de hacer mi vida más feliz.
No tuve que pensarlo demasiado. Le dije que sí, bueno más bien salte de alegría hacia su brazos y lo bese muchas beses en los labios emocionada.

-    -  Te dije que yo te recogería – cuando dijo eso desvié mi mirada – ahora tendremos que ir de nuevo para recoger tus cosas
       - Ir,… pero…
      - ¿Pero…? ¿Qué?
      - Nada – respire aire para armarme de valor y regresar a mi casa – Vamos
Gustavo sabia que le ocultaba algo pero en todo el camino no dijo nada. Realmente el tener mucho dinero le beneficiaba, por ejemplo: tener su permiso de conducir y muchas otras cosas más que yo no tenía.

Llegamos a mi casa y baje en la compañía de Gustavo.

Al abrir la puerta me tope que la casa se veía más desordenada de lo normal y en la cama estaba mi madre inconsciente.
Me precipité hacia ella y comencé a sacudirla ferozmente

Gustavo no perdió tiempo y por su celular llamo a una ambulancia.
Mi madre se encontraba blanca como la cera y estaba tan fría que comencé a sentir que ya era demasiado tarde.

Después de solo unos cuantos minutos llego una ambulancia. Los paramédicos comenzaron a tomarle el pulso y le abrieron los ojos para ver sus pupilas.
Gustavo me tenía agarrada de los hombros mientras yo veía en los pies de la cama a mi madre.

Un paramédico hizo una señal con la mano al otro y este volteo a verme. Uno de ellos el más joven tapo el cuerpo con una sabana de la misma cama.

No entendí por qué hacían eso.

   - Lo siento tanto pero ella falleció – me anuncio el paramédico – Tuvo una sobredosis…
Así salieron de allí y yo me quede helada.

Vi como Gustavo se alejo de mí y hablo con los paramédicos, no tengo idea de los que decía, ni siquiera recuerdo cuando llego la otra ambulancia, que es la correcta para levantar a los cadáveres como ahora lo era mi madre.
E incluso después de que se la llevaron yo aun me quede allí observando la cama vacía.

Por fin me había quedado sin familia. Por fin estaba sola. Sola. Sé que mi madre era drogadicta y a veces me pegaba, pero qué diablos aun seguía siendo mi madre y la amaba.
La amaba y me sentía destrozada por su muerte.

Quería que eso fuera un sueño. Quería que no hubiera pasado. Tuve ganas de salir corriendo, pero mi apoyo era Gustavo, allí estaba él ayudándome en todo.
Me encamino lejos de la casa y cuando subimos al coche me decía que me llevaría a su casa y que él se haría cargo de los asuntos de mi madre. No le dije nada. Hasta después de un tiempo supe que Teresa le había ayudado a Gustavo para moverse como mayor de edad.

Cuando llegamos finalmente a la casa de Gustavo me beso, pero aunque su beso me saco del trance aun me sentía realmente en estado de shock.

Silvia salió de la casa y me llevo hasta una de las habitaciones. Estuve allí hasta el anochecer sin dormir, solo pensando y pensando…

¿Cómo pudo mi madre estar muera y dejarme en este mundo sola?
Sentí que desaparecería en cualquier momento.

Hasta que Gustavo después de horas de estar afuera llego. Me abrazo y dio el pésame.
Fue allí cuando por primera vez sentí que solo él me sostenía en ese mundo. Yo una chica sin padres, sin nada, bueno si tenía algo a Gustavo.

Me recosté en la cama con él y así pude dormir.

Él día llego más rápido de lo que esperaba. Gustavo hizo los preparativos del entierro y fuimos al funeral.

Un funeral donde yo era el centro de atención de mis amigos y de desconocidos los cuales supuse que eran amigos de mi madre (ya que muchos de ellos se veían borrachos o drogados)

Algunos me dijeron lo hermosa que era mi madre, lo buena que era en la cama y cosas que realmente deseo no decir.

Todo acabo con el ataúd enterrado, con mi madre dentro de él y con una lapida que no tenía idea de lo que decía.
Hasta que me puse a leer:
Sandra Beltrán López

1976 – 2008

“Más allá de la muerte y de los cielos, solo existe UNA SOLA COSA: el amor eterno”
En memoria de su hija Rebeca

Que su recuerdo perduré por siempre

Me quede allí leyendo esa frase una y otra vez, pero o era demasiado tonta para entender o simplemente en ese momento no tenia cabeza para nada.
Gire la cabeza pero me di cuenta al instante que fue un error grande porque a un lado estaba la tumba de mi padre.
Las lágrimas no podía seguir conteniéndolas más…

   - Espero que te gustara – expreso Gustavo mirando también la lapida – También quiero que me digas si esos son sus datos de tu mamá, porque tuve que regresar a tu casa a buscar papeles de su nacimiento y de la tierra del panteón. – me explico – ¿espero que no te moleste?

   Lo mire aun con ojos llorosos.
  -  Para nada – dije con un hilo de voz – Al contrario no sé cómo pagarte todo este que hiciste por mi… yo… no se… - sentí un nudo en mi garganta
  - Calla – me dijo poniendo un dedo en mis labios – No tienes porque agradecer nada, lo hice por ti, porque no quiero verte triste y porque quiero ayudarte en lo que pueda
 - Pues ya lo hiciste y realmente no se  que hubiera hecho sin ti – lo abrace sin poderme contener y volví a llorar como una niña

Olí de nuevo ese aroma muy especial de él y en ese momento me relajaba tanto sentir su aroma. Sentirlo cerca me relajaba.
Me propuso que fuéramos a su casa de nuevo y allí me quede por un gran tiempo.

Cuando digo gran tiempo en realidad fueron cuatro meses largos, pero al mismo tiempo hermosos con Gustavo a mi lado. Dormíamos en su habitación (una recamara muy hermosa y espaciosa) y todas los noches siempre me sentía cómoda con él.
No voy a negar que tuviéramos relaciones sexuales, pero cada vez que tocaba el cielo con él era tan hermoso que no puede evitar amarlo más.

Nuestro amor fue como un chocolate… Un delicioso chocolate, ambos queríamos mas del otro y descebamos saber mas y mas.
Un amor que fue tierno, dulce y cada vez diferente.

Los días con él fueron los mejores de mi vida. No puedo expresar cuanto amor nos teníamos mutuamente, pero… como decía mi padre: “en todo un día soleado hay una nube que tapa el sol y quita el día perfecto”, lo cual me recordaba que en todo sueño debes despertar a la realidad.

Mi sueño estaba a punto de acabarse haciéndome regresar a mi cruel realidad.


2 comentarios:

  1. Hermanaaaa mia... :D que bueno que me has actualizado esta historia porque ya sabes como me encantaaaaaa...
    haha que yo pense que sería algo más lindo y romanticou! que si se irian juntos de paseo y noo... U_U su mama murióooo... que tristee /: lo bueno que ahi estaba Gustavito :3 para ayudar a Rebeca a salir adelante...
    Pero como que mi sueño estaba a punto de acabarse haciendome regresar a mi cruel realidad?? D: ahora ya vendrá el climax de la historia?? :S

    ME HA ENCANTADOO HERMANAAA... COMO SIEMPRE SOY TU FAN!Y FIEL LECTORA!!
    y espero con ansias tu próxima actualizacion!! te QUIEROOOO..

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