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domingo, 10 de junio de 2012

Historia De Un Vampiro


Capítulo 24
La realeza
Me adentre a una gran habitación cerrada, no había ventanas por ninguna parte (a ningún vampiro le gustaban) y al entrar cerré la puerta detrás de mí.

La habitación se encontraba oscura por usencia de entrada de los rayos de sol y por ningún lado había nada que iluminara esa habitación.
Aun así seguí caminando y cuando mis ojos se acostumbraron más rápidamente pude observar una cama enorme con cuatro dorsales en cada esquina la cual contenía una tela delgada que cubría la cama por todos los lados; pero aun así podía ver a Selene recostada allí.

Camine hasta llegan a uno de los dorsales y hice a un lado esa tela sedosa y transparente. Vi a Selene acostada boca arriba con una perfección en todo su cuerpo a la hora de dormir.

Todo esto sería bastan fácil y eso también me preocupaba.

Me le acerqué y tome su cuello pequeño. Ella comenzó agitarse violentamente entre mis manos tratándose de zafar mi agarre, pero era más que inútil. No cuando solo en mi cabeza entraba esa idea de “Matar”.

Pude ver como la luz de los ojos de Selene se apagaba lentamente, pero ambos sabíamos que un vampiro no podía morir por asfixia, solo podía desmayarse y ya. Aunque yo siguiera ahorcándola no moriría.

-        Maldita – le susurre en el oído – Este va ser tu fin…
¿Cómo pude creerle? ¿Como creí que ella me ayudaría en contra de su padre? Realmente últimamente había cometido muchos errores y al menos debía arreglar uno.

¿Cómo? Asesinando…

Vi como quería hablarme, pero yo no la deje y solo seguí ahorcándola.

Hasta que por fin quedo inconsciente entre mis manos y saque la única botellita de químicos que traía conmigo para eliminarla.
En cuanto vacié una solo gota, toda ella se fue desasiendo poco a poco, como si se quemara y solo saliera un pequeño humo rojo.

Salí sin sentirme culpable, sin voltear atrás y me dirigí hacia la puerta. Pero antes incluso de salir oí algo del otro lado de un espejo que tenia Selene es su habitación. Me quede estático mirando fijamente el espejo que me regresaba mi reflejo.

Volví a escuchar otro grito.

Fui rápidamente hacia allí y pase mis dedos sobre el borde del espejo hasta que de alguna forma pude moverlo hacia un lado.
Al quitarlo enfrente de mi había una puerta de “oro” puro en su totalidad.
Lo mire un poco furioso…

¿Qué vampiro tendría cultivo Selene?

Trate de tomar fuerza en mi puño para atravesar esa puerta. Hice para atrás mi brazo y a continuación mi puño salió volando contra la puerta, pero como supuse no le hice nada a la puerta. Por alguna razón los vampiros no podíamos ni tocar el Oro y mucho menos doblarlo. Cuando mire mi mano, vi que esta rojo; como si me hubiera quemado con algo y así retrocedí mirando esa puerta pensando en cómo atravesarla.

En ese momento se abrió de par a par la puerta de esa habitación. Gire rápidamente y me prepare para atacar.
Pero supe enseguida quien era.

-        ¿Qué haces aquí, Daniel? – le gruñí en la oscuridad
-        Simplemente viene a cerciorarme que mataste a la vampi-zorra llamada Selene – levanto los hombro y los bajo. Luego miro la puerta de oro y señalo la puerta - ¿Qué diablos hay allí?
-        ¡No lo sé! – le dije enojado – Si lo supiera ya estaría abierta… ¿tienes alguna idea de abrir esa maldita puerta?

Daniel sonrió un poco. Creo que le hacía gracias que un par de asesinos como nosotros fuéramos inútiles ante una puerta de Oro.
-        ¿¡que!? – le demande ante su risa
-        Nada, solo que… - comenzó a decirme y luego camino directamente a la puerta de Oro – Solo la abriré
-        ¿Oye, recuerdas a caso que el Oro nos daña?
-        Y tú recuerdas lo que dije – me expreso Daniel seguro de sí mismo mientras abría la puerta. Yo me quede impresionado, pero él no hizo ningún sonido de dolor y su cara se veía normal sin expresión alguna en ella.

Cuando la abrió pensé en encontrarme con pesadillo o algo así, pero en cambio solo era un pequeño cuarto cubierto de oro. Eso si era una prisión si teníamos en cuanta que el vampiro no puede tolerar algo tan dañino.
Vimos en medio del cuarto a una chica de cabello negro se encontraba sentada con la cabeza baja.
Abrí demasiado los ojos.

Ella comenzó a incorporarse lentamente hasta que quedo parada allí y nos miro con esos ojos negros, pero realmente se veía débil y cansada por no poder dormir.
Ni yo hubiera podido dormir

-        ¿Claudia? – le dije tontamente - ¿Cómo…
-        Llegue aquí? – se adelanto a decir.

Su voz sonó más débil de lo que creí y salió deprisa de ese cuarto, tal vez temiendo que se cerraría detrás de ella.

-        ¡Esa maldita! – comenzó a maldecir a Selene – Esa maldita nos…
Iba a comenzar a decir todo lo que había sucedido hasta que un gran grito nos hizo saltar a todos.

-        ¡SALGAN, VAMONOS! – grito Alexander llegando corriendo - ¡DEBEMOS IRNOS!
-        ¿Qué paso? – pregunto Daniel idiotamente
-        ¿Qué más estúpido? – le espete saliendo de allí – Supongo que vienen los guardias de Esteban
-        ¿Bromeas? – tercio Alexander – No solo los Guardias, de alguna forma se detono una alarma – miro por primera vez a Claudia que venía detrás de nosotros y dijo - ¡¿Qué diablos hace ella aquí?!
-        Lo mismo quisiera saber “yo” – dijo Claudia siguiéndonos el paso

Alexander giro su cabeza y siguió adelante.
-        ¿Cuánto tiempo? – le pregunte a Alexander
-        Unos dos minutos – respondió a mi lado y luego Daniel se adelanto – Daniel, sobre tu antiguo plan…

Siempre teníamos un plan, pero esta vez toda se había ido por la borda y solo quedaba el plan propuesto por Daniel. Su plan consistía en salvar a Claudia y a Susan de donde estuvieran. Suponíamos que Claudia estaría allí, pero aquí se encontraba con nosotros y por eso podíamos seguir el plan de Daniel el cual a mi parecer podía salvarnos la vida, pero al mismo tiempo podríamos morir.
-        Si, si ya se – me sonrió y se hecho a correr por otro lado
-        No sé si sea buena idea – tercio Alexander dudoso
-        ¿Qué están planeando? – nos pregunto Claudia

Alexander y yo nos detuvimos en una esquina. Ambos queríamos decirle que iba a pasar a continuación.
Creo que no lo tomaría bien…
Claudia nos miro fijamente.

-        ¿Susan donde esta? – le pregunte en primer lugar, antes de que sucediera lo siguiente
-        En “cruz de sangre” – respondió segura – Ella y yo estábamos juntas hasta que esa idiota de Selene me reconoció y me mantuvo prisionera en su propio cuarto de mier…
-        Claudia – espeto Alexander llamándole – Sabes que solo podemos salir de esto si te entregamos
-        ¿Qué quieres decir? – me pregunto con una ceja arriba
-        Te entregaremos a la realeza – le soltó Alexander sin mirarla
-        ¿Cómo?, Pero…


En ese instante llego Daniel con paso rápido, pero con una cara de pocos amigos (muy inusual de él).
-        Estamos rodeados – nos informo –Por todos lados están los guardianes de Esteban sin contar que puedo apostarles que dentro de un par de minutos vendrá el grupo de matones de él.
-        ¿matones? – pregunto Claudia con un hilo de voz - creí que ustedes era matones – nos señalo
-        Somos – respondió Daniel secamente – Pero debes saber que no somos los únicos matones de Esteban
-        ¿Cuántos más hay como ustedes?
-        Diez... – esta vez yo le respondí a Claudia ella me miro con esos ojos negros que por alguna razón me hacían sentir atraído hacia ella.
Pero no tenía idea del porque. Simplemente siempre había en ella algo que me atraía y esta vez tuve que recordar que Claudia ya no era mi novia. No era ya mía.
Ni siquiera podía asegurar que fuéramos amigos. La palabra amigos nunca existió para mí, pero cuando Susan llego fue más que obvio que esa palabra era ella.

Mire a Claudia directamente tratando de calmarla. Sabía que empezaría a ponerse histérica y más cuando estuvo un día completo encerrada en una habitación cubierta de Oro.

-        Claudia, somos asesinos y de los profesionales – comencé a decirle
-        Los mejores que el idiota de Esteban tuvo y que ahora será su fin – me interrumpió Daniel diciendo eso y lo mire con enojo
Nunca me había gustado que me interrumpieran.

-        Cállate, Daniel – le ordene – Solo dime que paso con la llamada que le hiciste a la realeza
-        Pronto vendrán – me informo sin mirarme – Eso me aseguraron, pero sinceramente no creo que lleguen a tiempo
-        Lo harán – nos aseguro Claudia y luego cuando vio que todas nuestras miradas que encontraban sobre ella dijo- Han estado buscándome por mucho tiempo. Nunca han dado conmigo gracias a Susan que me protegía al igual que mi madre – se detuvo unos segundos – Mi padre Eduardo Hill es amigo de Esteban

Los tres nos quedamos tensos ante tal información de parte de Claudia. Ella nos miraba fijamente, nunca agachaba la cabeza ante nadie y ante nada.
-        Eso quiere decir que estamos muertos – siseo Daniel
-        Explícate, Claudia – le espete tratando de entender que me quería decir
-        Eduardo Hill – comenzó, pero luego cambio eso y dijo- Mi padre es amigo de Esteban (entre comillas) – en ese momento hiso un movimiento con sus dedos haciendo las comillas en el aire- En realidad siempre ha estado de nuestra parte así que no hay nada que temer en ese aspecto, él definitivamente vendrá – nos aseguro con un suspiro
-        ¿Cuál es la parte preocupante? – tercio Alexander seriamente como siempre

Cuando sus ojos se cruzaron pude ver un brillo en los ojos de Claudia algo que nunca le paso conmigo. Eso me hizo sentir un especie de calor por todo mi cuerpo y tenía ganas de golpear a Alexander allí mismo.

Daniel carraspeó ante ese silencio entre ellos dos.
Ambos miraron a otra parte y Claudia dijo:

-        La parte mala es que mi padre vendrá con guardianes de la realeza, y no solo eso, tal vez incluso vengan los mismo reyes aquí. Lo que me hace temer que esta será una guerra no solo entre Humanos y vampiros, si no que será una guerra también contra mi padre y contra la realeza – se quito un mechón de su rostro – Mi padre me encontró tiempo atrás, pero nunca me obligo a volver – respiro profundo y continuo – Supongo que porque no quería obligarme para así reparar sus daños con mi madre o algo por el estilo
-        Nunca pensé que Eduardo Hill se metiera con una humana –comente mas para mi mismo que para los otros tres
-        En realidad mi madre no fue humana – me contradijo dándome esa información – Liliana la madrastra de Susan siempre vio por mí, porque mi madre autentica despareció dejándome con Liliana y después de un tiempo me encontró mi padre, nunca supe cómo, pero lo hizo y trato de convencerme de ir con él, pero yo no quise… - se detuvo y continuo – Así que aunque mi padre ya me conoce y todo… aun la realeza me quiere de vuelta, según se es porque mi madre biología tenía sangre “azul”..
-        Espera – la detuve para analizar todo con más calma - ¿quieres decir que en definitiva eres de la realeza y no solo una bastarda?

Claudia me miro con una ceja arriba, tal vez no le había gustado la palabra que había utilizado.
-        No soy bastarda , en realidad soy de la realeza y por eso me quieren de vuelta – me respondió rápidamente
-        Ok, ok – interrumpió Daniel – Ya quedo claro que eres de la realeza,… Debemos saber que este será el inicio de una guerra  - dijo – También creo que es momento que la realeza te de tu lugar que te corresponde
-        Yo no quiero estar en la realeza – nos aclaro – Repito no quiero…
-        Si no lo haces,… Susan puede morir en manos de Esteban… Además creo que más bien seremos los causante de una guerra – corrigió Alexander
-        Y que  eso te preocupa, señor don perfecto - ¿Cómo se le podía ocurrir eso apodos a Daniel en ese momento? - ¿A caso tienes miedo de una guerra?
-        ¡Claro que No!
-        Si el entregarme a la realeza hace que Susan esté bien entonces… - respiro profundo y dijo – Lo hare, le debo mucho y no quiero que muera de esa forma.
-        Entonces, ¿alguna idea? – preguntó Alexander acomodándose los mechones de cabellos que se le salían de su coleta
-        Supongo que podríamos salir a enfrentarlos – dijo Daniel con toda la naturalidad del mundo
-        O tal vez deberíamos esperar – tercio Claudia – No creo que podamos con todos ellos- dijo mientras miraba a la ventana muy sorprendida
-        ¿Qué dices Andrés? – me pregunto Alexander
-        ¿Qué opinas? – inquirió Daniel acomodase su cabello café claro
-        ¿deberíamos salir al suicidio de allí afuera? – dijo Claudia preocupada por lo que yo podía decir.
En ese momento sentí que todo dependía de mí. Que ahora yo era como el jefe del grupo y que yo tenía las vidas de todos en mis manos… eso realmente no me hacía sentir bien, si no al contrario me hacía sentir mal y preocupado por las consecuencias o error que pudiera tener mis decisiones…

Solo me recupere ante esa sensación que sentía en lo más profundo de mí. Respire aire fresco y saque la espada filosa de mi espalda.

Daniel y Alexander comprendieron al instante que había decidido ir a pelear, ellos también sacaron sus armas: Daniel saco su estaca de madera y Alexander una espada muy singular, mientras que Claudia saco una pequeña daga.

Caminamos atreves de los pasillos desérticos y cuando salimos de esa casa el aire soplaba con fuerza.
-        Yo los cinco de la derecha – inquirió Daniel sonriendo ante nuestro enemigos, los cuales nos tapaban el paso.
-        En ese caso yo quiero los cinco de mi izquierda – dijo Claudia con voz tenue
-        ¡Por favor! – comenzó a decir Alexander con voz dura – Solo maten al que esté en su camino
Concordaba con él. No importaba repartir, la cuestión era matarlos y fin de la situación.
Cerré los ojos y comencé a visualizarme matándolos. Eso me hacía sentir mucho más tranquilo y cómodo.
Si, solo eran muertos. Solo serian muertos para mí. Todos ellos no debían importarme. Ahora que se había enfrentado a mí, todos debían morir y yo los mataría sin piedad.

-        Pero si son los traidores – una voz muy conocida corto el aire. Abrí de golpe mis ojos.
Allí estaba, con una copa en sus manos y muy bien vestido. Era Esteban el cual nos miraba fijamente, con unos ojos diabólicos y su voz me decía que estaba muy molesto.
Claro que debía estar molesto, puesto que había matado a su única hija y que en esos momentos le estaba dando la espalda.

-        No puedo creerlo, ustedes traicionándome – siguió hablando mientras se abría paso entre todos sus matones, los cuales conocía muy bien ya que ellos había sido compañeros míos en el trabajo – Yo que les di empleo, yo que les ayude y ahora vienen a interrumpir en mi casa – expreso con enojo. Los demás solo lo miraban, pero Daniel me lanzo una mirada que me hizo pesar que ambos estábamos en sintonía en ese momento – No saldrán con vida de esto – nos sentencio. Ahora entendía que lo decía enserio, pero aun así no me dio miedo morir… - ¿Dónde está mi hija? – nos demando para que respondiéramos. Entonces, fue entonces cuando me miraron mis compañeros. Me adelante un paso – Supongo que por la miradas, tu vas a decírmelo… Andrés… ¿Dónde está mi hija? – repitió nuevamente con voz feroz.

Realmente creo que se alteraría mas cuando supiera que su hija murió, por lo tanto no fui tan estúpido como para darle esa clase de información.

Puse a un lado mío mi espada y dije:
-        Ella está a dentro de la casa – lo cual era más o menos cierto me dije a mi mismo – Si quieren rescatarla tendrán que pasar sobre nosotros – exprese poniendo mi espada enfrente de ellos para que vieran que hablaba enserio
-        Andrés, no me desafíes, sabes que no soy un buen enemigo para nadie – comenzó a decir Esteban con voz neutra, lo cual lo hacía más peligroso que nunca – Ambos están en un situación que no podrán controlar, ni salir – ahora también se dirigía a Daniel – Solo suelten sus espadas y vuelvan darme su lealtad y algunas cosas serán borradas de mi memoria – nos dio la oportunidad de salir de esa situación, pero ni Daniel, ni yo nos movimos.
-        No se tu – inicio Daniel dando un paso adelante - Pero yo ya me arte de este repugnante jefe que tenemos, Andrés.
Suspire. Tal vez en otro momento le hubiera cerrado la boca a Daniel, pero debíamos distraerlos para ganar tiempo.

-        Si – concedí con él – Pero hay que admitir que la paga no estaba tan mal – levante levemente los hombros – Pero aunque tengo que decir que no me gustaba eso de seguir ordenes todo el tiempo, - y comencé a citar a Esteban – “Andrés, haz esto” “idiota solo hazlo”…
-        Si, si – me interrumpió Daniel- ahora que lo pienso nunca dijo mi nombre, y sabes que le paso al último que se refirió de diferente manera a mi persona
-        ¿Qué? – le pregunte mirando directamente a todos su matones
-        Lo mate – así de simple dijo Daniel con una sonrisa – No sé, pero el trato en el trabajo no era bueno – acepte su comentario como verdadero – Ahora si hago cuentas creo que Esteban – fue la primera vez que decíamos el nombre de nuestro jefe enfrente de su presencia. No podíamos decirle por su nombre, solo jefe y ya. – creo que él me debe como veinte vidas …
-        Pues a mí me debe mas – conteste
-        ¡¡¡¡basta!!! –espeto con un grito Esteban furioso.

Pero no pudimos saber que mas iba a decir por en ese momento a lo lejos sonó un silbido anunciando que la realeza había llegado.
Debo admitir que no sabía que eran tan rápidos para llegar, al menos no peleamos nada, no desgastamos nuestras fuerzas para ese momento, ahora venia el momento de la verdad.
-¿Qué hace aquí la realeza? – susurro Esteban mirando fijamente a lo lejos, y como todos pudo observar la bandera roja con la estrella de cinco picos
-esto parece de la era medieval… - expreso Daniel burlándose en voz baja
 Lo golpeo Claudia en el estomago para que este se callara ante tal tontería de ser encerrado o incluso muerto por una burla de ese estilo.
-caya tu boca – le advirtió Claudia

Todos los matones de Esteban fueron apartándose dando una considerado espacio para los guardianes de la realeza y posteriormente después de hacer un círculo perfecto alrededor, posteriormente por la parte de enfrente salió el que el Rey Pitter y la Reina Elizabeth.

-        ¿Qué sucede aquí? – pregunto cómo era su costumbre el rey Pitter
Nosotros cuatro nos hincamos ante él, debíamos de presentarnos con respeto ante él…
Pitter le causo mucha satisfacción que hiciéramos eso, mientras que miro a Esteban y detrás de él un guardián dijo:
-¿a caso no te inclinas ante tu Rey?

Esteban no replico, no era demasiado idiota y posteriormente se arrodillo ante su rey.
- Muy bien – dijo sonriendo Pitter - ¿ahora me pueden decir que sucede?
-mi señor, estos cuatro que vez aquí invadieron mi casa y tiene cautiva a mi hija – comenzó a decir Esteban con voz de inocencia - ¿dime si no tengo el derecho de matarlos?
- La palabra matar no entra en mi vocabulario, pueden ser presos, pero si alguien pone un dedo en alguno de nuestra misma especie eso es atroz y saben muy cómo se paga – dictamino – Una prisión, solo es una prisión, pero para un vampiro no hay mas muerte que desterrarlo y llevarlo a la puerta sagrada
Esteban comenzó a reírse
- ¿es verdad lo que dice este vampiro? – señalo a esteban

Por primera vez levante mi cara, y exprese:
-Mi señor, es totalmente mentira – le respondí negando todo lo de Esteban – Nosotros solo vinimos a rescatar a nuestra amiga Claudia, y cuando íbamos saliendo ellos nos tapaban la salida, es por eso que le llamamos –me quede callado por un momento y posteriormente Pitter me hizo con la mano que siguiera – No queremos pelear con nadie, además de que podemos perder ante todos ellos y entre nosotros sabe muy bien que e derramaría sangre real
Pitter asistió la cabeza sabiendo que en realidad había sangre real entre nosotros.
- Mi señor, ¿Cuál es el castigo ante derramar sangre real? – le pregunte para que Esteban escuchara.
-Un castigo, no existe solo existe su extinción… - es la única manera de acabar con aquellos que pretenden matarnos

Esteban aun estaba ante los pies del rey y solo escuchaba al igual que todos los demás matones.
-Mi Rey – cambie la forma de llamarlo - ¿Cuál es el castigo por matar a un humano?

El rey Pitter me miro con ojos abiertos, y se precipitó un poco hacia mi…
-¿has encontrado a un humano? – pregunto alegre. No sabía si su alegría se debía a sangre o ante una especie que estaba en la extinción – responde!

Debo admitir que dude algunos segundos…
- No señor para nada, pero solo quería recordar… - así sencillamente respondí, El rey Pitter se desilusionó un poco
– Pues para que recuerden el que encuentre un humano inmediatamente tienen que capturarlo y llevarlo ante mi presencia.- recordó su regla de oro a los presentes – Quien no haga esto tendrá sobre su persona toda mi ira

¿Allí fue cuando me pregunte si Pitter era bueno o malo?
-        Mi rey, no sé porque tiene que volver a repetir estas leyes entre los vampiros – dijo Esteban metiendo un poco de su ponzoña al rey
Eso molesto al rey, pero antes de que dijera algo más salió detrás de los guardianes, el príncipe Eduardo Hill y solo saludo al rey con una reverencia.
- mi Rey, creo que deberíamos dejarlos que arreglen sus diferencias no veo el caso de estar aquí – dijo tratando de proteger a Esteban y este le sonrió, pero en ese momento desvió la mirada hacia nosotros y se quedo petrificado al ver a Claudia su “hija”- ¿Qué haces aquí? – le pregunto con miedo y olvidándose que estaba enfrente de todos nosotros, Claudia dejo ver su rostro
- Padre, yo… - simplemente dijo eso
-¿padre?, tu eres… Claudia? – comenzó a entender el rey Pitter - ¿tu hija? La que desapareció hace dieciocho años…
-si mi señor…

Comenzó un silencio incomodo y nada bueno para ese momento.
-        ¡Ibas a matar a alguien de la realeza! – grito Pitter muy molesto a Esteban
-        ¡¡ ¿matar?! –expreso Eduardo Hill curioso ante la palabra y acción que iba hacer ante su hija. Tal vez comenzaba a sentirse traicionado - ¿ibas a matar a mi hija? – demando una respuesta Eduardo

Esteba comenzó a sentirse encerrado en sus propias palabras y eso me hizo sonreír porque todos habíamos contado con eso.
Pero no contábamos con lo siguiente…
-Si es verdad, pero yo no sabía que era tu hija – comenzó a escudarse Esteban – en verdad lo siento tanto, pero me gustaría quedarme a hablar con ustedes pero debo marcharme y después salió corriendo.
Sus matones se interpusieron ante el camino de los guardianes del Rey.

Aun estaba allí y no podía creer que Esteban le estaba declarando la guerra al propio Rey.
Chasqueo los dedos el rey y comenzó la batalla entre guardianes y matones, debo admitir que no duro demasiado y ganaron los guardianes. Hasta yo puedo afirmar que matar a un guardián era como suicidio colectivo y pues era demasiado bueno luchando.
Escaparon unos cinco matones entre ellos un muy conocido para mi llamado: Kiro

-Sigan a los que se escaparon y tráiganme a Esteban vivo – ordeno el Rey Pitter a decena de guardianes.
Salieron corriendo hacia donde se habían ido los otros cinco matones. Podía asegurar que los atraparían rápidamente, aunque de Kiro no estaba tan seguro…

Comenzaron a córtales la cabeza a los matones, y ninguno de ellos dijo nada sobre mi y eso me hizo sentir muy bien, ya que estaba libre al menos de ese asunto contra la realeza.
- vámonos – comenzó a decirla reina Elizabeth, -tenemos aun que ir a la prisión tormento a hacer nuestra inspección – camino hacia adentro del circulo y como su lugar – Mi rey…
- Muy bien – acepto lo que le dijo su reina – Vámonos,..

Miro a Claudia, y luego volvió a decir:
- Ese ir va dirigido a ti Claudia
-Si lo sé – respondió y camino hacia ellos donde Eduardo Hill la tomo de la mano y la puso a su lado.

Aquí comenzaba a sentir arrepentimiento, peo al mismo tiempo me sentía levemente a salvo.
Vimos como se fue todo el grupo de guardianes con la realeza en medio, entre ellos Claudia una princesa perdida que por fin la había encontrado, o más bien una fugitiva.

Ahora solo nos quedamos como tontos enfrente de esa mansión de esteban.
- Creen que estará bien? – pregunto Alexander en un susurro, su voz sonaba atragantada
- No lo sé – le respondí sinceramente.

Ambos nos miramos y sabíamos que un nos quedaba una misión más importante: ir a cruz de sangre para salvar a Susan y a los demás humanos.
- ¿entonces se podrán melancólicos o iremos a Cruz de sangre? – tercio Daniel como siempre con sus comentarios fuera de lugar
- A un nos falta la última misión…

Así era un nos faltaba la última misión que definiría nuestra existencia en este mundo oscuro.

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