Seguidores

Recuerda este blog se alimenta de tus comentarios!

Deja un comentario, ¿No es tan difícil o sí?...

Invita a tus amigos



martes, 12 de febrero de 2013

Eterno Amor: Ultima Parte






Ultima Parte



*** Un año después***
Siempre he pensado que la gente buena y mala no existe en este mundo; solo hay buenas y malas decisiones, buenos actos de nobleza, pero al mismo tiempo corazones fríos que mezclados con la locura convierten a las personas en desquiciadas y sin escrúpulos. No existen personas sin sentimientos, solo aquellas que quieren fingir no tenerlos, solo esas personas quieren poner un límite ante lo doloroso, pero deben aprender que lo doloroso no son aquellas palabras lastimosas, ni aquello que duele, ni siquiera la muerte… es el amor. Si estoy diciendo que vinimos al mundo para amar y por lo tanto aquello que nos lastima es el origen del amor, el amor nos puede sumergir en las nubes o simplemente vivir muertos en vida.
Como dije no existen personas malas, solo malas decisiones, solo malas experiencias, solo malos pensamientos para sí mismo. Se dicen malos porque su locura llego más allá, porque ese amor no se pudo lograr, eso es lo malo del amor. Lo malo del amor es que puedes hacer locuras sin límites y convertirte en alguien que nunca creíste ser…
Eso me paso, quiero decir nunca pensé en convertir en otra persona vil y cruel. Pero es que no puedo mentir diciendo que todo el tiempo he sido un ángel, no, no soy un ángel pero últimamente me he portado en estado extremista.
-        Nuestros caminos han dado otro rumbo – repitió con voz seria. Esas palabras me taladraron el corazón por ambas partes como si de pronto todos aquellos recuerdos o sueños se esfumaran en la nada total
¿Cómo podía ser tan cruel? ¿Cómo podía decir aquello sin sentir alguna clase de remordimiento?
-        ¿has elegido otro rumbo? – le pregunte con una ceja arriba sin evitar estar asustada ante su respuesta – dímelo!!! – exigí. En verdad quería saberlo, no importaba que me crucificara con cada una de sus palabras
Esta era mi única oportunidad de estar con él nuevamente. Mi amiga había conseguido que Gustavo aceptara venir a hablar conmigo y ahora aquí estaba conmigo.
Respiro profundamente sin mirarme, tal parecía que ni siquiera quería decírmelo a la cara. Aun así yo buscaba su mirada.
-        ¿Gustavo? – volví a insistir.
Tal vez después de todo me merecía esto. Yo lo había abandonado, yo no fui lo suficientemente valiente como para lidiar con su madre. Solo debí quedarme. Debí nunca dejarlo…
Flash black
-        ¿Otra copa, Señorita? –  me pregunto un mesero realmente atractivo. Tenía ojos azules con un pelo café claro. En verdad que clase de Restaurante permitía trabajar a un chico tan guapo.
A lo mejor…
-        Eres modelo? – le cuestione ante su cara de ángel. No debía estar tan impresionada con un chico así ya que yo tenía a Gustavo el cual era más que guapo. El mesero llamado Ricardo según su pequeña placa en su pecho me dedico una sonrisa amigable.
-        Señorita me alaga, pero sinceramente no lo soy – contesto con modestia y cortesía – Le traire otra copa, creo que la necesita – y se dio media vuelta para irse
Me quede por unos minutos contemplando la ventana donde veía a la gente circulado rápidamente a causa de la lluvia. Mire mi reloj y suspire.
¿Por qué tardaba tanto?
Ya llevaba una hora esperándolo. No me movería hasta estar con Gustavo. Después de todo el me invito a esta cena.
Tome otras cinco copas, aun así no estuve mareada solo aburrida y triste. Hoy, Hoy era el último día que podía pasar con mi amado Gustavo. Hoy tendría que decirle “adiós para siempre”.
Tome mi octava copa cuando vi que alguien se sentó delante de mí, al levantar mi mirada allí se encontraba el chico perfecto para mí: Gustavo.
El lucia estupendamente guapo llevaba puesto un traje de vestir su camisa color rosa le hacía resaltar el color de su piel blanca y tersa. Sus labios lucían frescos.
-        Lo siento tanto – comenzó a disculparse – Pero nunca pensé tardarme tanto – sacudió un poco las pocas gotas de sus cabello – Además el trafico esta horrible con esta lluvia
Simplemente afirmaba con la cabeza, ya que me dedique a mirarlo para gravarme cada centímetro de él en mi memoria. De verdad quería nunca olvidarlo. Quería no dejarlo, quería estar con él siempre, pero eso no iba a pasar…
-        Dime, a ¿qué se debe esta cita?- comencé a decirle llevándome a los labios otro sorbo de ese vino tinto que causaba que mi garganta se relajara.
Mi amor Gustavo sonrió de par en par haciéndose notar los pequeños hoyuelos de su rostro. No pude evitarle sonreírle, en verdad sus sentimientos me los trasmitía. Era como ser solo uno.
Chasqueo sus dedos y de pronto aparecieron dos artistas que tocaban el violín. Comenzaron a tocar una melodía romántica cuya canción desconocía.
Des pronto sentí pánico al ver como Gustavo se dirigía directo hacia mí y comenzaba a hincarse.
No por favor!!! – Pensaba desesperada – No…
¿Qué tenía que hacer? Huir? No podía dejarlo solo allí,… ¿Cómo rechazarlo? ¿Cómo?
El corazón se me detuvo cuando la pregunta que tanta chica anhela salió de sus sexis labios:
-        Mi vida – comenzó con esas palabras de cariño y a continuación hablo lentamente – Amor, cariño, Princesa… Rebeca ¿quieres casarte conmigo?- fue cuando el abrió una pequeña caja negra. En su interior un anillo plateado con un diamante cortado en forma de corazón se asomo, brillo en su totalidad por la luz que teníamos a nuestro alrededor. Podía asegurar que el anillo valía una buena fortuna, lo cual me hizo sentir más culpable.
Lo mire y vi en sus ojos ternura, esperanza y amor. ¿Cómo se suponía que ahora tenía que terminar todo?
Solo tenía que dejarlo e irme. Solo tenía que tomar su corazón y el mío para aplastarlos hasta que los dos sangráramos.
Me levante lentamente y pase saliva para las palabras salieran y fluyeran rápidamente.
Fin del flash black
-        No sé porque regresaste – se fue por la tangente – Nunca debiste regresar, ¿Qué diablos te propones con regresar ahora? ¿Qué?¿qué? – esta vez el se oía molesto. No lo culpaba, yo lo había abandonado aquella noche en aquel restaurante.
No podía creer que después de regresar y expresarle que aun lo amaba, él aun no me perdonaba. No iba decirle que su madre tuvo mucho que ver en esta separación. Eso no arreglaría nada. Ahora después de más de un año sin verlo, me parecía increíble que me dejara por una chica ridícula llamada: Lizbeth.
-        Es por esa tal Lizbeth, ¿verdad? – le ataque con esas palabras, no tenía otra arma para detenerlo. Supe al ínstate que era verdad, se quedo tan quieto que por un momento creí que estaba hablando con una estatua. Se congelo literalmente de los pies a la cabeza. Como si de pronto hubiera averiguado el ¿Por qué? De todo.
-        ¿Cómo…
No termino de hablar, no se lo permití.
-        Solo dilo, No me mientas – Le rete, quería de una vez por todas la verdad absoluta. No contesto, era como si le costara trabajo aceptar algo – Te amo – Solo deslice aquellas palabras dulcemente, mientras trate de acércame lentamente a él.
Lo abrace por la espalada, mis manos rodearon su cintura perfectamente y mi rostro lo oculte en su espalda atlética. Aspire su olor nuevamente aquel olor que me hacía sentir que todo estaría bien, me sentí como en casa nuevamente. Gustavo no movió ni un centímetro de su maravilloso cuerpo. Sentí aceptación nuevamente y después de unos minutos de estar abrazados, le susurre:
-        Te amo – volví a repetirle – Lo siento nunca debí irme – solté en un intento de pedir disculpas – En verdad, te amo… - Gustavo solo suspiro, podía asegurar que había cerrado sus ojos para pensar mejor la situación - ¿podríamos volver?
Creo que fue demasiado para él oír eso. Se giro lentamente, yo desate mi agarre de su cintura y quedamos perfectamente uno frente al otro. Paso una mano sobre su frente tratando de entender o más bien entenderme.
Paso saliva y por fin hablo
-        Rebeca, ¿Cómo pretendes regresar después de un año y decirme que me amas?
Una pregunta muy razonable a mi parecer. Pero no tenía respuesta alguna que no implicara a su madre.
Sentí un enorme nudo en mi garganta por la impotencia de no poder contestarle que no fuera con:
-        Lo sé, - comencé – Lo siento, lo siento Gustavo
No fue suficiente, lo supe desde ese momento. Sus ojos miraban en otra dirección lejos de allí. Gustavo no era el mismo. Pero no me iba a dar por vencida. No con él y no ahora. Ya no…
-        Perdóname!!! – me deje caer a sus pies rengándole. Me aferre con fuerza a sus piernas.
Gustavo obviamente se tenso y se sorprendió por mi actitud. Lo sabía a él no le gustaba que hicieran una cosa así y eso lo podría a pensar, dándome tiempo para convencerlo nuevamente.
-        Rebeca, - llamo mi atención tratándome de levantar del suelo. No respondí, seguía pidiéndole perdón – Demonios! Rebeca, levántate, no hagas esto
Su voz sonaba molesta, pero al mismo tiempo con un timbre de profunda nostalgia al verme con esa actitud.
-        Dime que regresaremos, por favor – suplique nuevamente, no podía detenerme, no podía irme sin que Gustavo fuera nuevamente parte de mi. Sabía que rompería reglas, con su madre, con su hermana y con el propio Gustavo. Pero ya no me importaba nada. Todo un año sin él me basto para sufrir sin su olor, sin el roce de sus labios y el calor de su cuerpo que me enloquecía.
Gustavo volvió a tratar de levantarme esta vez lo consiguió y yo accedí a su agarre, sus fuertes brazos me sostuvieron como tantas veces lo hicieron en el pasado. Esos dedos largos comenzaron a generar corrientes eléctricas por todo mi cuerpo.
Mi estomago dio un salto al vacío y miles de mariposas se generaron. Entonces después de todo estaba en lo cierto, yo aun amaba a Gustavo. Pero el no…
Lo supe en ese instante, solo con un roce pude sentir que lo amaba y que al mismo tiempo lo había perdido.
Mi Gustavo había pasado por mucho y ahora ya no era mío si no de alguien más. Ya no se sonrojaba con mi acerqué, ya no se ponía nervioso con mi agarre y ya no sentía lo mismo que yo.
Eso me destrozo por dentro. Sentí una mezcla de celos y profunda soledad. Después de todo si estaría sola en el futuro, pero yo me aferraría a él.
Lo mire a los ojos, trate de que el viera atreves de los míos. Quería que transmitieran el amor que aun sentía por él y todo el dolor que tenía en el corazón.
Tal vez algo vio, que yo no. No tengo la mas mínima idea de que fue lo que lo convenció: si mis lagrimas, la manera en como lo mire o tal vez fue que suplique como loca. Cualquier cosa que fuera, lo convencí.
-        Vamos, te llevare a casa – dijo, lo primero que pensé es que hablaba de mi casa.
Pero estaba equivocada. Me subió al auto y condujo hasta llegar a aquella mansión que tenia y que conocía muy bien.
La primera que abrió la puerta fue Teresa la ama de llaves, cuya última vez me ayudo a sacar mis maletas de esa casa, Fue la única que no me juzgo ese día, es mas parecía distante en esa ocasión como si quisiera decirme algo. Cuando me vio por primera vez desde aquel día trágico hizo una mueca de asombro y tiro sin querer las llaves que traía consigo.
Si que estaba sorprendida al verme allí parada junto con Gustavo. No hice mucho caso y seguí a mi amado. Nos adentramos a la casa y todo seguía igual, acepto las cortinas que ahora eran de un color melón.
-        Vamos, - me llevo consigo hacia su cuarto. Entonces, lo supe él quería privacidad y estar a solas.
Comencé a sentir calor y mi corazón latió con fuerza. Al entrar a esa habitación me sorprendió que nada estuviera diferente a como recordaba.
Fue magnífico que todo siguiera intacto, e incluso un retrato que le regale un estaba al lado de su buro con aquella lámpara rustica que tanto le gustaba.
Gustavo se me acerco espontáneamente y comenzó a besarme desesperadamente. Un beso fogoso, pero también rudo. No se parecía nada a sus besos del pasado. Me tomo con ambas manos mi rostro presionando para que yo no escapara de sus besos. Después de besarme tan rudamente comenzó a quitarse la ropa hasta que quedo en calzoncillos. Yo estaba congelada: ante su cuerpo, la rapidez de la reconciliación y el sexo que íbamos a tener.
No me moví nada. Gustavo hizo el resto.
Quito lentamente toda la ropa que tenía y esta vez hizo algo que nunca me había hecho,  me aventó a la cama. Eso debió despertarme ante la frialdad de sus toques en mi cuerpo, pero yo esta hipnotizada con él. Mi cerebro no funciono para nada.
Estando en la cama el arriba y yo abajo me perdí nuevamente en sus besos. Me beso mi cuello dejándome al día siguiente seria marcas, pero en ese momento no me importo. Beso cada uno de mis atributos, venerándolos y apretándolos.
Fue un sexo muy intenso y rudo.
Sentí como él comenzó a excitarse hasta tal punto que rompió mis calzoncillos y paso su mano atreves de mis muslos, hasta que abrió mis piernas…
Y entonces estuvo adentro de mí. Fue un poco doloroso, pero luego comencé a disfrutarlo y vaya que fue algo genial.
Grite como nunca había gritado. Gustavo me hizo suya como nunca lo hizo y sudaba por completo ante este acto sexual.
Una y otra vez, el entraba y salía de mi. Fue algo que nunca pude repetir.
Fui feliz por esos breves minutos que pasaron. Aunque para mí fue una experiencia única.
Gustavo termino y se dejo caer a lado de mí.
En cuestión de segundo comenzó a dormir o más bien roncar. Se veía tan lindo. No lo desperté solo me quede contemplándolo, no quería perderme nada de esos minutos a su lado. Gustavo estaba exactamente igual, pero su actitud era muy diferente al romántico Gustavo que había dejado hacia un año atrás.
¿Pero que esperaba? Debía estar agradecida que él estuviera vivo y conmigo.
Todo lo compondría yo. Un mechón de su cabello se alojo en sus ojos y yo se lo quite lentamente con demasiado cuidado para que no se despertara.
Comenzó a moverse y por un momento creí que se había despertado hasta que volvió a acomodarse dejando a un lado su mano izquierda.
Pero en ese instante pronuncio lo siguiente:
-        Lizbeth – en un tono tan bajo que apenas fui consciente de lo que dijo
Fue una espina dirigida justo a mi corazón. Después que habíamos hecho el amor, él estaba pensando en ella. No podía creerlo y aun en sus sueños vivía con ella?...
Tenía que ser una pesadilla o algo por el estilo. De seguro no había escuchado bien…
Comencé a engañarme a mi misma y seguí observándolo hasta que me quede dormida contemplándolo.
Tal vez, fueron horas o minutos. Pero después de quien sabe cuánto tiempo me desperté primero que él.
Entonces, fue cuando quise abrazarlo, me acerque hasta lograr mi propósito y dije:
-        Te amo, Gustavo… esto fue magnífico – cerré los ojos mientras lo abrazaba. Le susurre aquello con alegría por estar con él
De pronto comenzó a moverse y por fin se despertó
Creo que debí cerrar mi boca o algo por el estilo, porque solo se levanto y comenzó a vestirse.
-        Debo irme – empezó a decir
-        ¿Qué? – me levante con las cobijas alrededor de mi cuerpo - ¿A dónde? Yo voy contigo – salte de la cama y comencé a buscar mi ropa
-        No – negó rápidamente – tengo que hacer cosas personales, así que mejor vete…
-        No – negué energéticamente – Iré contigo
-        Está bien como quieras – expreso molesto por demandarle que ira con él – Como quieras…
Salió de la habitación azotando la puerta y yo lo seguí de inmediato, pisándole los talones. Corrí detrás de él.
Pero me retrase al menos unos minutos más para poderme vestir completamente. No tenia calzoncillos, pero no los necesite después de todo tenía un pantalón oscuro y no se podría notar.
Al bajar busque rápidamente a Gustavo, pero no lo encontré, así que decidí salir y allí estaba esperando a lado del auto con Teresa a su lado.
Tal parecía que estaban conversando. Pero Teresa al verme se separo de él como asustada y comenzó a ofrecerme algo para desayunar, era de mañana para un desayuno, pero Gustavo rechazo cualquier cosa y nos adentramos rápidamente a su auto.
En todo el camino, fue demasiado incomodo, ninguno de los dos hablo y eso me hizo pensar que en verdad no todo está bien.
-        ¿A dónde vamos? – pregunte para romper el hielo
-        Iré a comprar unas cuantas cosas, personales – recalco nuevamente - ¿a caso no te acuerdas que te lo dije?
-        Si, lo sé – le dije molesta y cruce mis brazos mientras mordía mi lengua por el enojo
Pasamos otros minutos en absoluto silencio.
Él seguía manejando sin mirarme y después detuvo el auto. Me asome por la ventana para ver a donde habíamos parado, pero resulto ser una calle cualquiera y entonces me gire para mirar a Gustavo desconcertada.
Suspiro
-        No te muerdas la legua de ese modo o te la sangraras – me dijo eso sin mirarme y con sus puños aun en el volante – No quiero ir al hospital solo porque estas molesta
Deje de cruzar los brazos y lo mire sorprendida.
-        ¿Cómo?
-        ¿Cómo se que cuando estas enojada muerdes tu lengua? – termino mi pregunta aun sin mirarme y comenzó a sobarse la sien nuevamente – Tuve bastante tiempo para llegar a conocerte lo bastante
-        Gustavo… - comencé, pero no me dejo hablar porque con una mano me pidió silencio
-        Yo realmente lamento lo que hice anoche contigo – expreso con voz dulce y al mismo tiempo con culpabilidad – He sido muy duro contigo
¿Ahora se disculpaba por cómo me trato? ¿Qué le pasaba?
-        Lo siento, pero… - se detuvo y luego me miro - ¿Por qué te fuiste?
Pregunto nuevamente, pero como anteriormente no tenía respuesta alguna.
-        Yo…
-        No tienes que decirme, lo sé – expreso con un suspiro. Meneo sus labios y dijo – Me entere que mi madre tuvo la culpa – diciéndome con una cara de suma vergüenza – Me lo conto Teresa, lo escuchó todo cuando ella te amenazo – rápidamente se explico por donde quería llevar esa conversación - ¿es cierto?
No tenía la fuerza suficiente para decirle un “si”.
¿Ahora que tendría que decir? …
“Si, fue tu madre o no sé de que hablas”
Fingiría demencia o que tendría que hacer?...
A veces uno se porta cruelmente: su madre fue cruel a decirme tal cosa y deshacerme de mí fue horrible para Gustavo.
No tuve remedio le dije todo. Todo. Hasta mis secretos más oscuros y lo que había hecho en ese año de soledad. Fue penoso, dudoso y muy vergonzoso, pero se lo dije todo por fin…
Una cruz que pude por fin deshacerme, así poder seguir adelante y mirar a los ojos a Gustavo. Sin mentiras.
Después de dos horas estar platicándole, todo. Decidimos que iríamos a comprar un helado. El habiente cambio entre nosotros, se volvió más amistoso y fue por un instante como antes.
Nos compramos el helado, contamos cosas que nunca antes habíamos dicho, fue como un momento de escupir todo. Me sentía tan viva y tan en paz.
Lo amaba y ahora todo estaba bien entre él y yo.
Sonreía cada vez que le hablaba y me hizo recordar a esos tiempo antiguos cuando todo entre él y yo era felicidad absoluta.
Entramos a una tienda de joyas y al estar allí vimos, lo que los dos deseamos ver. Un broche de pequeños zafiros azules con una forma de corazón.
Lo recordé al instante, ese broche me lo compraría Gustavo para nuestra nueva vida de esposos, a lo cual me negué y por las circunstancias de ese momento me negué.
Solo nos quedamos observando aquel objeto, el cual nos hizo recordar cosas del pasado y entonces Gustavo le pidió a la señorita del escaparate que le diera ese broche. No puede creer que aun lo quería después de tanto tiempo.
¿Me lo daría a mí? O…
-        Es lindo no? – Pregunto la señorita haciendo ojo a Gustavo, lo cual me molesto
-        Si – le respondió indiferente - ¿Qué te parece a ti? – me pregunto
-        Hermoso – simplemente dije eso y a continuación el me puso el broche en el cabello.
No me moví ni un centímetro. Me sentía la mujer más afortunada en el mundo entero solo por estar con Gustavo y cuando el broche se quedo en mi cabello,  sentí una especie de escalofríos por miedo a que se pudiera caer, pero no lo hizo porque estaba muy bien sujetado a mi coleta.
-        Te lo prometí y es tuyo – expreso mientras firmaba su cuenta de pago
-        Pero…
-        Pero nada… - negó y a continuación no pude soportarlo y lo abrace besándolo. Él me alejo lentamente y entonces lo supe, era el fin de ese magnifico día.
-        Rebeca, han pasado muchas cosas desde que te fuiste y…- se detuvo como buscando las palabras correctas – Mi vida ha dado otro rumbo, ¿entiendes?
Claro que entendía. Gustavo me estaba dejando en ese mismo instante y yo sentí un nudo en mi garganta con unas ganas inmensas de llorar.
Me abrazo instantáneamente y me acorruque con él. Quería que el dolor se fuera y entonces pudiera dar la media vuelta he irme, pero me resultaba demasiado difícil.
Pasamos un par de minutos así, hasta que le sonreí y dije:
-        Lo siento, me iré si así es como te sientes – espete – entonces… no tengo nada que hacer aquí – No sé de dónde saque las fuerzas para decir aquello, pero valió la pena cuando lo vi sonreírme
Supe enseguida que estaba haciendo lo correcto. Si Gustavo era feliz yo también.
Entonces vi a Silvia corriendo hacia nosotros, venia realmente molesta, ambos nos quedamos sin hablar y detrás de ella estaba una chica cuyo nombre desconocía.
-        ¿Qué diablos sucede? – demando una respuesta Silvia ante lo que miraban sus ojos
Silvia siempre me culpo de todo lo sabía. Fui una de sus amigas y ahora era como una enemiga para ella.
Mire a Gustavo que tenía una mirada perdida en aquella chica y entonces lo supe era: Lizbeth. La chica que mi mejor amiga había conocido.
La cual debía de temer.
No sé si fue una especie de posesión o celos lo que sentí, pero me comporte como hacía mucho tiempo atrás: una arrogante zorra.

-        No es obvio, tu hermano y yo volvimos – le conteste gentilmente y acaricie la mejilla de Gustavo el cual miro a su hermana
Gustavo no respondió lo que significaba que estaba dejándome que hiciera todo eso.
No entendía, ¿porque?
Pero el solo acepto con la cabeza hacia su hermana que era verdad.

Esa chica llamada Lizbeth se veía que lloraría y realmente creí que en cualquier momento me cortaría la cabeza o la mano, ya que me aferre con más ganas al brazo de Gustavo

Vi como paso saliva Lizbeth

-        ¡No estoy ablando contigo! – grito Silvia perdiendo los estribos – Gustavo dime por favor que no es verdad  lo que esta bruja me dijo – Me señalo  – ¡Dímelo!
-        Oye – le iba a comenzar a reclamar porque tanto enojo y que primero se enterara de los hechos. Iba decirle que me diera una oportunidad para poder explicarle todo, pero no me dejo hablar al contrario siguió como si nada
-        ¡¿te estoy hablando?! – me pregunto furiosamente - ¿no verdad? ¡Así que cállate!
-        Si, es verdad – respondió Gustavo indiferente ante el enojo de su hermana
Lo mire sin poder creer lo que estaba aceptando en ese momento, entonces fue cuando comprendí que solo lo había hecho para deshacerse de Lizbeth, me estaba utilizando y eso me hizo sentir mal

-        ¡Ha! ¡No puedo creerlo – expreso Silvia

Lizbeth me miro de reojo y vio como yo seguía aferrada al brazo de Gustavo. Pero la verdad ni siquiera recordaba como aun no lo soltaba de mí.

-        ¡Me voy! – anuncio Lizbeth desdichada y molesta – Eso es solo problema de ustedes, luego te veo
Salió huyendo de la escena. No  miro hacia atrás, pero Gustavo la vio hasta que se perdió de vista.

No discutimos por tanto tiempo. Gustavo le dejo claro a Silvia que era su vida y que él hacia lo que quisiera con ella.
En su auto no manejo solo se quedo allí sentado y puso su frente en el volante, como tratando de entender ¿Por qué había hecho eso?
Se veía devastado y muy confundido.
-        Me iré – le hice saber mientras le pasaba una mano en su hombro. Gustavo levanto la vista – No tienes porque explicarme nada. Lo sé todo – utilice las mismas palabras que él – Espera una semana y vuelve con ella – le di la solución a su problema – dile que yo te deje por alguien más llamado: Fernando.
-        Pero..
-        Pero nada – le negué – Es más o menos cierto, después de todo no puedo estar sola por tanto tiempo – le mentí – Fernando existe es un amigo de Raúl, tal vez lo conozcas – le hice saber – Además de pues de todo yo tengo la culpa de todo esto
-        ¿Qué quieres decir? – inicio Gustavo – Si yo acepte todo esto, yo sería el que debería estar pidiéndote disculpas no al revés
-        Eso es porque, en cierto modo tu eres así por mi culpa – le dije suspirando – el Gustavo que conocí no tenia miedo la compromiso al contrario siempre abrió los brazos al amor y ahora estas dando excusas tontas para no estar con esa chica Lizbeth y eso no es de mi amado Gustavo
-        Rebeca…
-        No tienes que decir nada, - sonreí. Sentí que el corazón se me estaba partiendo, pero eso era lo mejor – Me iré y tu sigue con tu vida
Me quite el cinturón de seguridad y baje del auto, pero no esperaba que Gustavo viniera detrás de mi.
Tomo una mano mía y la beso.
-        Gracias por todo… - dijo pasando saliva agradecido – Siempre te ame mas allá de mis fuerzas, no hay nadie como tu quiero que sepas eso. Nunca lo abra – entonces esas palabras me hundieron mas de lo que creí – Eres única y especial o al menos para mí lo fuiste. Te deseó lo mejor Rebeca
-        No seas tonto – me solté de su agarre actuando indiferente
Pero Gustavo solo sonrió. Creo que sabía a la perfección que actuaba para que esta separación no me doliera demasiado.

-        Siempre fuiste muy romántico, eso nunca me gusto de ti me empalagabas – dije con un poco de crueldad para creérmela yo
-        Lo sé – acepto eso sin decir nada mas – Cuídate. Te querré siempre Rebeca

Y a continuación se fue dejándome allí. Sola triste y abandonada.


***Ocho meses después***

Carta de Rebeca

Para: Gustavo

Todos los días siguen siendo los mismos para mí. Cada uno es un infierno sin ti. Siento que muero y que la vida no es vida, que solo es un mal sueño del cual quiero despertar. Lo veo más como una pesadilla.
Mis días son iguales, sigo tomando y bebiendo como loca desesperada tratando de curar alguna de las heridas de este corazón. Pero creo que no es suficiente. Los chicos con los que he estado me hacen el sexo, pero no son como tú que me hacías el amor, he incluso cuando quisiste intentar vengarte te resulto estupendo el sexo. Nadie es como tú. Nadie se compara a ti. Te extraño demasiado que no duermo por pensarte. Sigo esperando que un día regreses, pero sé que nunca podrá ser porque ahora te has casado.

No te sientas culpable, te amo. Te amo más que nada en este mundo y te deje porque soy una tonta, nunca debía haberlo hecho. Ahora lloro sola.
Pero al menos algo me consuela que tú estarás bien y sé que serás feliz con la chica que escogiste.
Te vi el día de tu boda con ese traje negro… te veías tan guapo y feliz que no pude acercarme a ti.
Es bueno que me escucharas y siguieras con tu vida. Pero me es doloroso seguir fingiendo que no me duele cuando no puedo vivir sin ti. Cuando aquellos recuerdos quedaron impregnados en mi cuerpo y mente.
No sé qué hacer.
Entonces comprendí que mi vida no es nada. Que no tengo motivos para estar aquí, sin él es como si no estuviera existiendo.
Mi todo es Gustavo y ahora que ya no está. No hay nada.


Te amo…
Espero que acabes nuestra historia de amor…

-------


El amor no hace hacer cosas fatales, pero al mismo tiempo nos enseña a amar intensamente a otra persona. Nos hace cambiar para bien o para mal.
Lagrimas cayeron en mi rostro al saber que Rebeca se sentía de eso modo, pero… no hice nada. Debí haberla ido a buscar… los arrepentimientos llegan cuando el accidente pasa. Rebeca no está con nosotros. Ahora yo termino la narración que ella no puedo.
En verdad creo que fui su amor Eterno. No amo a nadie más que no fuera yo y estas palabras que escribió me lo demuestra.
Lo siento tanto Rebeca.

Estoy demasiado triste porque hace un par de días me entere que Rebeca se suicido. No dejo nada. Solo esta carta que ahora tengo en mis manos con este escrito que estoy terminando ahora. No sabia que era lo que quería de mi, pero al enterarme de su muerte, me hizo reaccionar y pensar demasiado.
Ella era especial y única. La ame tanto que cambie a algo que yo no era. Soñaba solo con estar con ella. Nadie mas…
Ahora estoy casado y encontré a otra chica que me hizo sentir el amor nuevamente: Lizbeth. Mi madre no lo acepta pero eso no importa porque me case con el amor de mi vida y vivo feliz

Ahora basta de mí…
Rebeca, nunca debiste hacer eso. Tu destino era seguir adelante y nunca rendirte. No debiste dejarme con este peso de tu muerte.
Siempre tendrás una parte de mi corazón, eso nunca iba a cambiar y no cambiara.
De alguna forma, yo también te amo…

Rebeca, la chica que robo mi corazón. La que me hizo entender que el amor duele, pero también tienes que luchar por él. Ahora tú dejaste de luchar, pero siempre te recordare.
Porque nuestro amor es como tú dijiste: Un Eterno Amor.



2 comentarios:

  1. :| Eso se llama tortura psicológica :'( ¿COMOOOOOOOOOOOO QUE LA MATASTE? osea :'( noooooooooooooo eso no me lo esperaba, de verdad, osea ¿cómo? nooo eso es malo :( hahaha nooooooooooo

    ResponderEliminar
  2. jajaja te dije q me lincharias!!! jajaja :D

    ResponderEliminar