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domingo, 8 de febrero de 2015

Historia de un vampiro: Mundo Oscuro


Capítulo 27
Inmortal






Un limbo desconocido acobijo todo mi cuerpo, una oscuridad donde mis ojos no eran capaces de ver y un silencio que podría volverte loco hasta cierto punto. No sentía tranquilidad, al contrario era muy incomodo estar allí.
Trate de abrir al máximo mis ojos, pero fue inútil ya que la oscuridad giraba alrededor cubriéndome, intente un movimiento con otra parte de mi cuerpo, quise menear mis pies lo cual conseguí sin esfuerzo y trate de levantarme. Sentí como mi pierna izquierda se flexiono hasta que ambas piernas quedaran hincadas sobre el piso.
Intente ahora mover mis brazos, pero estos también reaccionaron al instante, solo pasaba algo con mi cabeza y una conexión o más bien un certeza invadió mi mente.
Yo estaba sin cabeza.
Algo absurdo si no tenia cabeza, entonces eso significaba que estaba muerto.
No, no lo estas – cierta parte de mi yo interno lo negó – Tu estas vivo y más vivo que nunca.
¿Qué significaba eso?
Entonces recordé que podría haberme convertido en un Inmortal. Un Inmortal al cual no podrían matar. Si eso era cierto, entonces…
Yo podría seguir vivo y destruiría a quien fuera que se pusiera en mi camino.
En ese momento mis ideas cambiaron. Todo lo que pensaba se esfumo y dio paso a solo dos deseos: Muerte y Sangre.
Solo quería matar al que me había hecho esto y solo quería beber sangre del primer humano o vampiro novato.
No deseaba nada más. Solo compondría mi cabeza e iría en busca de aquellos que alguna vez me desafiaron.
Si…
Me levante por inercia, ahora sabía que mi cuerpo respondía pero… ¿Dónde estaba mi cabeza? Tenía que concentrarme y por un momento comencé una búsqueda alrededor de mí. No tuve éxito. Hasta que patee algo que rodo. Tal vez era mi cabeza… Gire 90 grados y me puse en cuclillas.
Acerté. Tome mi cabeza e hice lo más lógico. Puse mi cabeza en su lugar y espere. Para ser sincero no tengo idea de que tendría que esperar. Hasta que mi cuello y parte de mi cabeza se unieron. Fue una sensación extraña sentí cosquillas seguidas de una variación de corrientes eléctricas. Fue como miles y millones de alfileres uniendo mi cuello a mi cabeza. No puedo describir al cien por ciento la experiencia, pero cuando concluyo el proceso una sensación de bienestar inundo mi cuerpo.
Fue entonces cuando pude abrir los ojos y pude observar con gran detalle todas las cosas que estaba a mí alrededor. Comencé a maravillarme y eso si que era extraño. Ya que un vampiro normal, como lo era… o más bien como lo fui veía a la perfección. Pero aquí estaba la Inmortalidad retándome a decirme que no era verdad.
Veía a la perfección cada gramo de tierra e incluso con los seres microscópicos que vivieran allí y podía ver mas allá de las ventanas podía ver kilómetros como si tuviera un telescopio en mis manos, los olores en mi nariz se mezclaban pero al mismo tiempo cada uno era diferente. Cada uno tenía un aroma que lo caracterizaba, y de pronto un rico aroma hizo que mis orificios de mi nariz quisieran respirar más y más. Salí de aquella casucha con la nariz en lo alto y fue como si de pronto supiera con precisión en donde se encontraba aquel olor. Salí corriendo tan veloz que el aire hizo que mi rostro se descubriera por completo.
Mi camino a seguir fue aquel olor. Atravesé por puertas y por otros Inmortales que me miraba desconcertados. Hasta llegar a una puerta que descendía más abajo a unas prisiones medievales y fue allí donde me percate que diferentes aromas deliciosos me invadieron por completo. Pero solo había uno que sobre salía, busque entre las rejas al responsable. Cuando mire atreves de esos barrotes a un centenar de humanos esparcidos en mínimo 7 celdas divididas. Cada uno de ellos se pegaba a la pared como si eso los fuera a salvar o a no ser vistos por algún Inmortal. Patético.
-        ¿Andrés? – pregunto una chica con cabellos alborotados y con pinta de estar mucho tiempo en esas condiciones – Me recuerdas? – volvió a decir mientras se iba a las barras para que pudiera verla mejor, pero ella nos sabía que yo podía ver e incluso sin luz proveniente de ninguna parte. Ella era una chica muy delgada pero con una hermosa cabellera café. Se me hacia conocida pero nada hizo que recordara hasta que ella menciono lo siguiente – Soy Erika, amiga de Susan. ¿recuerdas?, estaba en el interrogatorio ese día que ellos te entrevistaron- y más desesperada a que yo la recordara agrego – cuando te preguntaron a qué edad mueren los vampiros…
Entonces lo recordé brevemente como un humo detrás. Recordé como me mantuvieron en medio de aquella sala, mientras me sometían con cosas que no podía detenerme y recordé a esa chica. Recordé a Susan… Volví a recordar a Susan.
¿Pero que podría ganar más?... ¿mi amor por Susan o mi deseo a la sangre precisamente de esa humana llamada Erika?
Amor… Nunca la ame. Solo era la necesidad de hacerme sentir como alguien normal. No me importaba.
¿Enserió?
La voz de la razón comenzó a invadir aquella mente nueva que había conseguido con la Inmortalidad. Una mente nada buena…
Imágenes invadieron mi mente. Unas en las cuales veía a Susan, sus labios rojos, esos ojos que alguna vez me hicieron sentirme bien conmigo mismo, su piel tan tersa con un tono rosa en sus mejillas y esas manos delgadas y frágiles. Su fragilidad de esa cintura que una vez acaricie y su cabello rojizo que olía frutas. Su suavidad de su brazo, el calor que sentía cuando ella se me acercaba y las palabras que salían de su boca para siempre decir con exactitud sin equivocarse al expresarse. Todo, recordé todo de ella. La manera en que reía cuando hacia mi tonto habito de revolverme el cabello con la mano. Su manera de mirarme, como si supiera que había algo bueno en mí, como si no me temiera, como si todo de mí era algo maravilloso…
Maravilloso?... 
Susan, Susan no solo me había dado la vida por mí, sino también me entrego su corazón que nunca tome. Un corazón que ya no amaba por mi propia mano. Un corazón que dejo de latir.
Comencé a sentir un calor recorriéndome de la mano hacia mi pecho directo a mi corazón y cuando mire hacia el flujo que sentía recorrer mire asombrado que un camino de azul brillante deprendía de mi mano. Allí exactamente donde había estado aquel liquido viscoso de esa botellita frágil que cargaba Claudia.
Pero mire a Erika que tenía cara de desconcertada
No la culpaba yo me sentía igual. Ese resplandor azul dejo de fluir hasta llegar justo a mi corazón donde hizo una bola exacta allí y penetro dejándome un dolor a quemazón. Un dolor a frio y con ganas de retorcerme. Me incline ante aquel dolor desconocido y con fuerza tome mi corazón. Grite, no puede evitarlo. El dolor era demasiado para mí. Entonces, paso algo que no vi, pero Erika si y el resto de los humanos allí. Yo cambie. No era un vampiro Inmortal. Pero tampoco un vampiro común. Si, si es difícil de entender. Apenas y yo comprendo también.
-        ¿Qué? ¿que fue eso? – tartamudeo Erika al borde del colapso - ¿Cómo cambiaste tu aspecto y el color de tus ojos? – preguntaba aun sin creerlo
Allí fue cuando lo supe. Yo me había convertido en un vampiro Inmortal. Tenía ojos rojos como la sangre y una piel tan blanca como el mármol. Sí, yo me convertí en un Vampiro Inmortal con sed de sangre humana, sin impórtame nada más. Pero esa opción que Julián le dio a Claudia me había transformado en algo más parecido a mí, pero al mismo tiempo diferente.
Fue cuando inicio todo. Todo inicio allí.
-        ¿Andrés? – intervino alguien que al igual que Erika se encontraba detrás de una reja – ¿En verdad eres tú? – volvió a preguntar indeciso
Gire a mirarlo. Podía ver todo, solo que esta vez no tenia las locas ganas de beber sangre.
Allí se encontraba Daniel, encerrado individualmente. Pero en ese instante entendí que no se había dejado ver porque me vio con ojos rojos.
-        Diablos, Andrés ¿cómo es que cambiaste? – pregunto acercándose
-        Podría explicarte o – me detuve enfrente de el – ¿Sacarte? – sonreí - ¿Cuál prefieres?
Levanto su ceja molesto. Era más que obvio que quería legarse de ese lugar.
-        ¿tú qué crees? – expreso siseando molesto
Solté un pequeña risita y pate uno de los barrotes de su costado. Daniel se quedo boquiabierto al ver barrotes de oro puro destrozados con un solo movimiento de mi pie, sin daños permanentes.
-        ¿Cómo…
-        ¿quieres salir sí o no? – interrumpí nuevamente con esa pregunta. La verdad me fastidiaba que me cuestionaran y más cuando en este caso no sabía como mi transformación había sido cambiada.
No tenía idea. Solo podía atribuir que algo tenía que ver ese líquido que se derramo en mi mano.
Íbamos de salida cuando una voz volvió a llamar mi atención.
-        ¡¡Andrés!! – grito desesperada. Aquella chica de cabellera café sacaba su brazo como si con eso pudiera detenerme para que yo la viera – Sácanos, por favor – comenzó a suplicar.
No es que se me olvidara de esos humanos allí. Solo no era nada seguro que pudiera salir con ellos de esta mansión subterránea. Era como si miles de borregos salieran disparados enfrente de lobos. No era nada coherente.
-        No creo que sea sensato – le respondí girándome para ir hasta Daniel que concordaba con mi decisión. Ambos nos retiramos de ese lugar. Subimos por unas escaleras de caracol. No recordaba eso. Entonces me di cuenta que cuando eres un vampiro Inmortal no te importaban las cosas física, que no fueran humanos y eso porque solo eran bolsas de sangre.
-        Estas diferente – comenzó Daniel antes de llegar – Se muy bien que ya no eres un Inmortal, - se detuvo porque yo lo hice para mirarlo directamente a la cara. No quería mas cuestionamientos de su parte y para acabar con eso tenía que enfrentarlo allí mismo – Pero yo te vi como Inmortal con ojos rojos y toda la cosa – añadió algo mas – Ahora eres más tu – continuo examinándome la cara – pero al mismo tiempo tienes otra cosa rara…
-        No sé como paso – por fin hable.- Solo sé que no soy un vampiro Inmortal – dije pasando un trago de saliva – Pero al mismo tiempo soy anormal a un vampiro. ¿no sé si entiendes lo que quiero decir?
-        Claro – acepto Daniel – Yo he sentido lo mismo – Entonces, recordé que Daniel era un convertido y ellos no podían controlarse de sangre al igual que un Inmortal. Pero aquí estábamos los dos desafiando a este mundo Oscuro – A veces creo que algo cambio en mi, pero al mismo tiempo sigo siendo yo, ¿quiero saber que le paso a Susan?

Yo me encontraba escuchándolo pero al mismo tiempo está alerta tanto que en ese momento gire rápidamente para atrapar por el cuello a un Inmortal. Pero al verlo me di cuenta que no era cualquier Inmortal allí estaba Claudia. Una Inmortal totalmente bella, pero al mismo tiempo malvada.
No pude evitar sentir desesperación por no poderle arrancar su cuello, sabía que aunque hiciera eso no la mataría, pero las ganas no me faltaban. Solo quedo en deseos, porque quite lentamente mi mano de su garganta.
-        ¡Mátala! –grito terciando Alexander desde una distancia considerable.
Alexander se encontraba tirado a unos cuantos metros, con mordidas en todo su cuello mientras él se las cubría con sus manos y expresaba señales de debilidad. Claudia lo traía cargado como un niño cuando la tome por el cuello y ella lo soltó a una distancia considerable.
-        ¿Andrés? – pregunto Alexander cuando me miro por primera vez después de mi transformación – Tus ojos son mas…
-        ¿brillantes? ¿diferentes? – le di opciones
-        Exacto – comenzó a dudar igual que hacía unos minutos Daniel y nos los culpaba, yo habría hecho lo mismo.
Eso fue lo que hizo que Claudia me empujara y saliera corriendo llevándose a Alexander nuevamente. Solo escuche: “Mátala”…
Lo único que hice fue quedarme viendo el pasillo por donde desapareció Claudia con Alexander.
Sacudí un poco mi ropa y camine lentamente por el pasillo, con Daniel pisándome los talones.
-        Oye, ¿recuerdas que estoy contigo? – me pregunto en son de burla
-        Claro, por eso te he dejado atrás – respondí sin mucha importancia – creo que deberías irte, ahora que soy fuerte y más rápido no te necesito mucho
Está bien, no lo necesitaba para nada. Creo más bien que era un estorbo para mí. Aun así no mencione nada más y Daniel por primera vez no reclamo nada, ni comento nada, solo me siguió en silencio.
Fue rápido llegar hasta donde se encontraba. Resulto ser que nos adentramos al cuarto donde Susan y yo estábamos. Mire alrededor y puede ver a otras dos personas a parte de Claudia y Alexander.
Una de las personas que se escondían en la oscuridad era mi madre.
-        Haz causado algunos problemas aquí… - inquirió ella – Hijo, sabes que si no fuera por mi estarías muerto
Sus palabras resultaron huecas ante mí. Ya no me importaba morir, aunque no podía asegurar si podría morir…
No podía perdonarla y no me perdonaría la muerte de Susan.
No había nada en este mundo oscuro que pudiera cambiar mi opinión sobre nuestra raza destructora. Esta vez yo me sentía más convencido que nunca saciaríamos nuestra sed a sangre.
-        Alexander – trate de distraer a mi madre – ¿En verdad? no puedes golpear a una estúpida zorra – tire aquellas palabras con son de burla
Tenía un buen punto para hacer aquel comentario idiota. Alexander me miro sin comprender mi comportamiento. Tal parecía que no había captado mi mensaje.
Lo mire por un momento para que él se diera cuenta de una pequeña Daga de Oro que se ocultaba delante de esa puerta oculta, por donde minutos atrás Susan la había atravesado. Esa pequeña daga tenía un brillo singular pero al mismo tiempo opaco. No estaba tan seguro que podría pasar si Alexander tomaba esa arma y atravesara a un Inmortal. Pero tenía fe que aquella Daga fuera lo suficientemente capaz para matar a un Inmortal, después de todo no era una Daga común. El viejo Julián se la había dado a Susan con un propósito y tal vez funcionara eficazmente en este momento.
Mire nuevamente a Alexander y lentamente mire la Daga, después de eso él sonrió y con eso puede asegurarme que había visto la Daga. No era tan fuerte como para pelar con un Inmortal, pero si podía propinar un buen golpe para tener oportunidad de tomar el arma.
Camine lentamente donde se encontraba Alexander y Claudia. Quede a pocos centímetros de la boca de aquella hermosa chica que había besado varias veces, pero en esta ocasión esos labios eran un rojo vivo con sangre fresca en la comisura de ellos. Claudia se quedo tan quieta, no le importo la cercanía, es más ni le incomodo nada, pero comenzó a reírse.
-        Yo nunca deje que me maltratara de esa forma – le exprese a Alexander, pero yo aun tenia la mirada fija en Susan. Mientras que mi madre en una cierta distancia me veía. Tenía la atención de los Inmortales que se encontraban en ese cuarto oscuro – ¿No crees que eres algo ruda?
Ella embozo una pequeña sonrisa que no llego por completo
Daniel se encontraba a mi lado vigilando al inmortal que se encontraba a un lado de él. Tenía que inventar una distracción pero la verdad en ese momento no tenía ninguna idea, lo único que puede hacer fue llegar a este punto, solo ganar minutos y que centraran su atención en mí.
Gire lentamente hasta darle la espalda a Claudia y mire de enfrente a los otros dos inmorales y a Daniel, que le hice una señal con la mano para que se prepara a atacar. Dio una pequeña afirmación con uno de sus dedos de la mano izquierda.
Respire profundo para poder ordenar todo en mi cabeza, no quedaba otra que cada quien atacara a un inmortal. Pero no podía asegurar la vida de ninguno, aunque si podía escapar uno o dos de nosotros y eso obviamente tenían que ser estos dos grandes amigos que conseguí en toda esta aventura.
Daniel y Alexander tenían que salir vivos de aquí, aunque eso significara mi tumba en este lugar espantoso. Creo que le debía eso a Susan.
-        No sé qué planeas – comenzó a susurrar mi madre con algo de gracia, y comenzó a caminar en círculos alrededor de mi. Podía oler el perfume de Inmoralidad salir de ella. Las feromonas que podía enloquecer a cualquier humano. Pero para un Inmortal no afectaba, solo olía mal – Cualquier cosa que planees no saldrá como quieres. Así que adorado hijo, míranos y mírate – me señalo – Esto no puede seguir así, y soy tan piadosa que no he llamado a mas Inmortales para esto, digamos que lo quiero hacer familiar
Entonces no puede contenerme más.
¿Familiar? ¡Familiar!
Abrí mis ojos de golpe.
-        Yo no soy tu hijo – grite – esto acabara hoy
Fue entonces cuando golpe con todas mis fuerzas a esa mujer que decía ser mi madre, la cual desconocía por completo. Ella no era mi madre, me repetí a mi mismo mientras le di una patada tan fuerte que salió volando atravesando una pared de ladrillos hasta una segunda habitación. No tenía tiempo para nada, así que rápidamente tome a Claudia del cabello jalándola y tirándola hasta el otro extremo de la habitación, en ese momento mire a Daniel luchando desesperadamente contra ese inmortal el cual trataba de torcer su cuello logre darle una patada que lo hizo centrar su atención a mi hasta que Claudia llego hasta mi tomando mi mano derecha como una palanca para hacerme volar hasta la otra habitación pero mientras iba en el aire procure caer de pie y con horror vi un cuerpo a lado de mi, no quise ver o más bien me aterre. Por segunda vez en mi larga existencia no quería ver quien se encontraba muerto, así que agradecí cuando mi madre arremetió contra mí. Sus fuertes manos golpearon con fuerza mi pecho haciéndome resbalar unos cuantos metros, trate de frenar con mi mano izquierda, no perdía la vista de aquella vampira Inmortal hecha una fiera.
-        No me quedara más que Matarte –  aquella voz tenebrosa sonó molesta y fue donde supe que cualquier tipo de tregua había expirado – No me odies por esto, hijo
La forma en cómo recalco “hijo” hizo que una especie de adrenalina infesto todo mi cuerpo, de pies a cabeza. Tal vez eso era lo que yo necesitaba, algo que explotara, un detonante, porque ya tenía un dolor muy grande dentro de mí ser. Una muerte que jamás podría superar.
Susan…
Su recuerdo hizo sentirme culpable, pero esta vez aquella chica muerta no hizo aparición en mi nuevo cerebro, al contrario esta vez su muerte no fue un obstáculo de sentimientos lamentables. Susan apareció en recuerdos más saludables y tangibles. Podía oler su perfume, esa fragancia muy característica de ella a Durazno con una mezcla de canela, algo que aun me envolvía al recordar. Ese cabello rojizo que brilla con intensidad en cualquier tipo de luz y esos ojos grandes tupidos de petallas largas, y no podía aun olvidar su mirada de esos hermosos pares de ojos azules que me regresaban una abrazadora y cálida mirada. Esa mirada que podía tranquilizar mi alma.
Susan seguía siendo mi anestesia, aun después de muerta
Su solo recuerdo hizo que tuviera más fuerza para contraatacar a todos los que se encontraran en esa habitación. Aquellos vampiros Inmortales que seguían a lado de Miranda (porque no podía llamarla nuevamente “madre”) vinieron a mi tratando de jalarme de ambas manos, pero yo utilice eso en contra de ellos gire y abrí mis dos piernas en el aire golpeándolos ambos vampiros, ese vampiro de cabello negro salto hacia mí pero de pronto Alexander me paso aquella daga pequeña de Susan, la cual funciono a tiempo porque tome a es vampiro por el hombro y lo gire para quedara a espaldas mío y no tuve piedad en córtale el cuello de un solo corte.
No salió sangre, mucho menos grito. Un Inmortal solo se derrumba y se evapora como polvo quemado, dependiendo de cuántos años tiene sin morir y con eso supe que aquel vampiro tenía mínimo décadas muerto
No hubo otro ataque, lo cual me sorprendió un poco. Pero la realidad era que mi madre tenía a sus víctimas tomadas del cuello con sus enormes garras rojas. Puede ver que Claudia detrás de mi con Daniel y mi madre a su lado con Alexander, el cadáver mas allá era de otro Inmortal, tal parecía que aquel vampiro tenía muy poco siendo Inmortal por eso su cuerpo no desapareció.
-        Esto llego a su Fin – expreso aquella mujer siniestra sin escrúpulos como aquellos Inmortales que ya no tiene una pisca de sentimientos en su ser, pude ver como su mano tomo la suficiente fuerza para desgarrar el cuello de Alexander de un solo tajo. No había tiempo y Alexander comprendió,  se puso rígido mirándome por última vez y valientemente se dispuso a morir en manos de mi madre
Pero yo no me daría por vencido tan rápidamente lance aquella daga directo al cráneo de Miranda, tuve la seguridad que tendría tiempo suficiente para salvar de la muerte a Alexander, lo tome rápidamente, y antes que ella reaccionara o Claudia hiciera acto de presencia puse a mi aliado a un lado de la chimenea detrás de mi persona.
Revisé uno de mis bolcillos y encontré algo que el viejo Julián me había regalado. En ese entonces sus absurdas palabras no tenia significado, pero ahora se repetían en mi cabeza como una solución posible para poder salvar a mis amigos.
¿Amigos? Repetí, si eso eran mis amigos, ya no podía llamarlos de otra forma y posiblemente después nada sería igual, si salía con vida ellos me matarían para vengar a Susan y si no era así entonces podía morir con un poco de dignidad.
Para alumbrar tu camino, cuando todo este oscuro o sin salida”
Las palabras fueron exactamente una respuesta ante mi situación, no podía asegurar que podría contener esa bolsa café que curiosamente se encontraba cerrada por una cuerda rustica.
Metí con cuidado mi mano y sin perderle la vista a Miranda conseguí desatar aquella bolsa en el interior sentí una especie de polvo o grano, antes que decidiera que era aquello Claudia hizo volar a Daniel como si fuera una especie de muñeco el cual llego hasta sus pies de Miranda la cual puso un pie en el pecho de este para dejarlo inmóvil con su fuerza de Inmortal.
No quería matar a Claudia, pero aunque ella venia a una velocidad increíble puede ver que su hermosura había cambiado, su cabello negro parecía más falso, sus labios ya no eran tan atractivos o tal vez era porque yo también había cambiado mi perspectiva como un vampiro común. La belleza de un Inmortal no es común para nadie, excepto para aquellos que son de igual manera Inmortales.
¿Qué clase de Inmortal era?
Tenía que repetirme que ella no era Claudia. Tome un puño de aquella sustancia y se la solté directamente en la cara, al principio creí que no había funcionado porque ella me tenia acorralado contra la chimenea donde por unos segundos logro quitarse a tiempo Alexander.
Pero de pronto comenzó a salir de su rostro humo, seguido de chispas eléctricas y después hubo una pequeña explosión que se culmino en luz radiante. No puedo asegurar si era luz o fuego, pero tenía ambas combinaciones.
Claudia se dejo caer de rodillas ante mí tomando desesperadamente con sus manos la cara que brillaba intensamente en toda la habitación. Miranda que se encontraba hacia un momento del otro lado de la habitación, salió disparada para ocultarse en la oscuridad más cercana, tal parecía que la luz que emitía era tan fuerte que un ser Inmortal no podía soportarla, pero aquí estaba nuevamente yo para desafiar aquellas reglas.
No sentí ningún tipo de reacción. No morí

-        Lo siento – le susurre a Claudia cuando me hinque para estar a su altura
Como asesino que era, no tuteaba matar, pero cuando es alguien que en un tiempo atrás hubo una algo más que amistad, es donde eso comienza a doler.
Tuve que recordar que esa que gritaba ya no era Claudia. Lamentablemente aquella chica que un tiempo atrás fue mi novia había muerto mucho antes que Susan. Eso que estaba gritando solo era un monstro que tenía que matar.
Por un momento tuve que debatir si matarla para calmar su dolor, pero eso no era posible ya que si hacia tal cosa tal vez Miranda regresaba a esa habitación, no podía determinar cuánto tiempo tardaba el efecto de aquella sustancia para terminarla de matar, nunca antes había visto algo como eso actuar.
Mire mas allá y a mí costado Alexander auxiliaba a Daniel que aun se trataba de parar con apoyo de aquel amigo suyo.
¿Cómo podía decirles que Susan estaba muerta por mi culpa?
La esperanza había muerto. Yo la había matado
Antes incluso de reaccionar, poco a poco se fue consumiendo aquella luminosidad y de pronto algo espantoso paso. Decimas de inmortales aguardaban a nuestro alrededor la oscuridad total que a mi parecer llegaría pronto.
Mire a los chicos un poco inquietos, pero fuertes para enfrentar cualquier otra cosa. Después de todo Alexander siempre fue reconocido por su valor de caza recompensa y Daniel por su fuerza de resistencia como asesino profesional. Ambos vampiros más grandiosos que yo.
-        Largo de aquí – escupí. No era una opción, tenían que salir lo antes posible de esa cueva de muerte - ¡Largo!
Ninguno de los dos contesto nada. Solo se limitaron a caminar hasta donde yo me encontraba. Creí por un momento que ninguno replicaría, pero esta vez me equivoque.
-        Ni lo sueñes, Davies – contesto sarcásticamente. El pronunciar mi apellido me hizo recordar cuando nos peleábamos para ser el mejor asesino. En ese tiempo él era uno de mis enemigos – Nunca dejaría que toda la diversión solo la disfrutaras tú, yo necesito vengar la muerte de…
Por un momento olvide que Daniel sabía sobre la muerte de Susan, pero no logro pronunciar el nombre
Alexander no dijo nada, pero no hacía falta. Sabía que él pensaba de la misma forma que Daniel. Claro Alexander era el único que no sabía que Susan se encontraba muerta. La verdad aun Daniel y yo no habíamos podido hablar lo suficiente de este tema y ninguno aceptaba esa muerte.
-        Solo largo – volví a gritar. Cada vez era más pequeña la luz y se acercaban mas los Inmortales a nosotros
-        ¿y Susan? – cuestiono Alexander. Ese era el motivo por el cual comprendí que Alexander no hablaba solo porque si como Daniel, aquel vampiro caza recompensas era muy asusto y siempre que hablaba era para decir exactamente lo que se necesitaba decir o hacer - ¿Dónde está?
No sé si ellos notaron que por un momento quede muy quieto, tal vez eso solo lo sentí yo. Respire profundo y decidí decir la verdad a medias.
-         Susan… – sabía muy bien su cuestionamiento y una llama volvió a brotar  desde mi corazón – Susan salió – eso era verdad, solo una parte de aquella verdad – Detrás de ustedes se encuentra la salida, los conduce directo a túneles, saliendo de aquellas cuevas encontraran  en un árbol a Susan
De cierta manera eso era más que cierto, pero lo que no puede contarles es que yo había matado a Susan por mi autocontrol.
El no mencionar ese detalla tan importante, no fue cobardía, ni mucho menos miedo. Yo podía recibir con gusto mi muerte a cambio o en venganza de Susan, eso ya era insignificante para mí, pero antes tenía que hacer algo en memoria de ella y eso era salvar todo aquello que alguna vez quiso salvar ella.
Y supongo que lo primero en la lista eran ellos dos. Tenía que empezar con ellos, los cuales debía irse rápido de allí.
-        Tu dijiste que Susan murió – saco de golpe Daniel un poco incrédulo ante lo que había dicho
-        Susan los está esperando allá fuera – alargue una mentira muy convincente para que ellos quisieran salir de este infierno – deben irse estoy preocupado de que este sola
Desvié la protesta de Daniel con aquella afirmación que era una mentira muy convincente
Ambos se quedaron muy pensativos por unos segundos, de pronto Daniel acepto sin replicar y antes de salir por aquel pasadizo de aquella chimenea me dirigió una larga mirada y me sonrió mientras doblo su puño sobre su corazón en señal de fuerza. Pude ver como se perdía en aquel túnel en penumbras.
-        Me iré – dijo Alexander mientras ponía una mano sobre mi hombro – Suerte amigo – se dio media vuelta y antes de perderse de la misma manera que Daniel dijo algo mas – Se que ocultas algo sobre Susan… - giro para verme – No soy estúpido como Daniel – espeto con una cierto enojo y levantando levemente su ceja – Mirando tu cara me doy cuenta que algo le paso a Susan y aunque me creas o no ella y yo siempre tuvimos un cierto lazo de comunicación. Puedes llamarlo un sentido más o un lazo de amistad mas allá y esto te puede sonar un poco ilógico pero sé que a Susan le paso algo – suspiro esta vez mirando el pasadizo – y tú me lo estas ocultando – afirmo muy seguro de sí mismo ante eso – Cualquier cosa que sea, si ella está Muerta y por alguna circunstancia tu sales vivo de esto, considérate muerto Andrés – sin más que decir salió corriendo por aquel túnel largo y oscuro

Unos segundos o minutos pasaron no puedo aseguran cuanto tiempo lo único que sé es que de pronto todo se aclaro mientras que la habitación se iba haciendo cada vez mas y mas oscura tratando de tragarme por completo.
Cuando todo oscureció a su totalidad los Inmortales se abalanzaron contra mí, hasta tirarme al suelo.
Tal vez era momento de morir allí mismo, aunque no sabía si podía morir en verdad ya que yo había desafiado a toda realidad.
Yo era un Inmortal

Me sumergí en aquel recuerdo de mi beso con Susan. Como olvidar aquella calidez, aquel aroma y eso ojos azules.
Sus labios, esos labios que sabían a miel

Esa iba a ser una muerte placentera si moría recordando el sabor de los labios de Susan.

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