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lunes, 18 de mayo de 2015

Eterno Amor: Cuarta Parte







Cuarta Parte

La mañana llego con un sol abrumador y un calor incontrolable. Solo me puse una playera de tirantes y una falda roja.
Nos encontrábamos en la piscina.

Fui y me senté en una de las mesitas que tenía una sombrilla. Pude ver a Gustavo salir de la alberca.
Su cuerpo me hacia tener pensamientos morbosos
Al salir de la piscina tomo una toalla para secarse su cabello y lo mire como se acercaba a mí.

-        Princesa – Me dijo con cariño llegando hasta mí, él traía un traje de baño negro y puso a un lado  la toalla.

No pude apartar mi mirada de él, todas esas gotas de agua fueron brillantes en su cuerpo perfecto, fue como si estuviera cubierto de ellos.
Todo él era a mi ver un ser perfecto, aun no encontraba algún error en Gustavo que no fuera perfección pura y cristalina como el agua que bebíamos.

Se inclino levemente hasta mí hasta que me dio un pequeño besos que apenas y roso mis labios, pero fue más q suficiente para sentir un calor incontrolable por todo mi cuerpo.

-        Rebeca yo…- iba decir algo mas pero yo lo calle con otro beso, sinceramente casi me lo como con ese beso, era una desesperación tenerlo cerca de mí, como una adicción… o como mi vida.
No podía renunciar a mi vida, ¿o sí??

-        Recuerdas que te dije que vendría mi madre… - de repente lo soltó antes de que yo lo volverá a besar cuando nos había separado. Solo veía sus labios rosas, ese rosa que tiene el color de una paleta de caramelo y sus labios en verdad me sabia a dulce adicción
No pude contestar; primero porque mi cabeza daba vueltas cada vez que besaba de esa manera a Gustavo, segundo porque aun no controlaba mi respiración y tercero porque nuestro cuerpo aun estaba tan unidos que podía sentir todo de él.
No me culpo, creo que cualquier chica estar igual si encontrara a alguien como Gustavo. Perdería momentáneamente la conciencia, eso era lo que me pasaba, realmente nunca pensé que me sucederá algún día, pero aquí estaba la loca de Rebeca babeando por tenerlo cerca y perdiendo la cabeza por el chico más lindo que había conocido.

De pronto las palabras “mi madre” me volvieron a la cruda realidad. No es que no quisiera conocerla, más bien era miedo a que no fuera aceptada por su madre y todo fuera una serie de complicaciones…
Y con complicaciones me refiero a que me negara ver a su hijo…
¿Qué tal si no le agradaba? ¿Qué tal si…

-        Todo estará bien – interrumpió mis pensamientos Gustavo cuando vio mi cara de preocupación – Ella es un poco estricta, pero no es mala
-        Eso espero – exprese con un susurro mas para mí misma que para mi novio

Giro mi barbilla con su mano delgada y me miro a los ojos directamente. Algo en sus ojos me hizo tranquilizarme y hacerme sentir con calor por dentro.

-        Tú y yo siempre estaremos juntos, porque yo te amo…
Eso me desarmo completamente. Ame la manera en cómo me lo dijo y ame la manera en como afirmaba que él y yo estaríamos siempre juntos-.

Lo amaba y lo bese más allá de mis fuerzas.

Alguien tocio indiscretamente con una risa contenida. Allí se encontraba una chica de cabello corto, con una nariz pequeña, se veía realmente feliz.

-        Maldición, ya váyanse a un hotel – exclamo sínicamente dando otros cuatro pasos para estar más cerca
-        ¡¿Cinthia, puedes largarte?! – pregunto Gustavo un poco molesto mientras aun miraba mis labios y tenía su frente con la mía
-        Lo siento, pero no – negó inmediatamente y tomo mi mano – Debo hacer  una competencia con Rebeca
-        ¿competencia? – pregunto Gustavo aun tomándome de la mano, de pronto me sentí requerida por los dos ya que ambos me tenían tomada de la mano - ¿Qué clase de competencia?
Me encantaba la manera en como Gustavo  levantaba su ceja dudoso, eso hacía que lo amara mas…

Dios!, creo que amaba todo, todo el… ¿Qué más puedo hacer? Solo que mi corazón se enamoro como un loco.

-        Solo será una carrera de natación, - expreso mi amiga sonriente. Yo la mire rápidamente, pero… había un pequeño detalle, bueno un gran detalle… Yo no sé nadar – Todo saldrá bien.
-        Pero… - gire a ver a Gustavo – Pero, ¿teníamos algo que hacer hoy, verdad?
Gustavo me miro sin comprender y luego puso los ojos en blanco para tratar de recordar algo que tal vez había omitido su mente.

La competencia era para saber quién era mejor nadadora, la verdad había dicho una serie de mentiras, pero es que eso fue antes de que Gustavo y yo fuéramos novios. Voy a ser sincera lo había hecho solo para hacerles saber que no solo Gustavo y Cinthia eran los únicos nadadores profesionales que había en la escuela. Pero la verdad fue que si eran los mejores y los únicos nadadores.

Yo y mi bocota
¿Ahora como saldría de este embrollo?


…………oOo…………..

Digamos que no me convenció, pero aquí me encontraba a un lado de una súper o más bien mega alberca, trataba de ver cuanta profundidad podría tener…

-        No es grandioso? – pregunto Cinthia con su traje de baño mirando como yo la alberca encantada – Me gusta esta alberca porque tiene una profundidad perfecta para nadar libremente, aunque eso solo son mis ideas tontas, - levanto levemente los hombros – tu novio asegura que un buen nadador puede nadar hasta en las albercas más pequeñas, - comento recordando lo que le había dicho Gustavo – Pero sinceramente yo no puedo nadar en poca profundidad – le dedico una sonrisa a la alberca
-        Wow – expreso Gustavo cuando llegaba hacia nosotras – Oye Cinthia te vez – miro de arriba para abajo a mi amiga y dijo – Rara – por extraño que suene me sentí aliviada que dijera eso - ¿Acaso no sabes que va contra la reglas que alguien de tu clase use bikini?
-        Y tu acaso sabes que eres un estúpido? – le ataco entrecerrando los ojos con coraje
-        Estúpido o no, aun así no uso un bikini el cual hace verme todo anoréxico con piernas de pollo – no debió decir eso nunca porque aunque ambos se hablaban de esa forma desde que conocía a Gustavo, Cinthia tiro a Gustavo al agua y Gustavo antes de caer tomo de la mano a Cinthia, ambos cayeron a la alberca alborotando el agua y salpicando en todas las direcciones

Salieron escupiendo agua y maldiciendo. De pronto comenzaron a chacotear con el agua y comenzaron a reírse.
Si que su amistad era rara.

Debo decir que algunas veces me sentía celosa de Cinthia, pero cuando ella se convirtió en mi amiga, me sentí más segura y me di la oportunidad de tratarla. Cinthia era una chica noble, sincera y sobre todo una buena amiga. Pero aun así no podía evitar sentir algunos celos de ella.

La primera en salir de la alberca fue Cinthia riéndose y luego me preguntó si quería beber algo, con mi automático No, se fue a conseguir algo para tomar.

Gustavo seguí en la alberca y puede ver como nadaba perfectamente. Incluso el mirarlo me hacía sentir que cometía un pecado por imaginarme tantas cosas indebidas. Sus brazos abrían perfectamente el agua y sus músculos se le marcaban en la espalda.
No sé, pero cada vez que lo veía era unas ganas de tumbarlo y besarlo. Si pudiera lo besaría en donde sea, si pudiera me acostaría con él en donde fuera y si pudiera me pasaría con él en la cama toda mi vida entera.

Un poco patético, no?. Algunas veces mi padre decía: “Siempre en una relación uno de los dos ama más que al otro y ese es el que sufre mas si las cosas salen mal”…
La verdad tenía miedo que yo lo amara más que él a mí. ¿Qué pasaría si él un día se olvidara de mí? ¿Eso podría suceder?
No tenia que pensar en el futuro, no ahora que él se encontraba conmigo y no ahora que él me amaba.

-        Rebe, ¿no piensas entrar? – me pregunto en la orilla de la alberca, estaba a mis pies
-        Yo… - comencé a dudar, creo que era mejor decirle la verdad – No..
-        Sabes lo hermosa que te vez – interrumpió diciéndome eso y yo no puede decirle nada
-        Gracias, pero solo soy la única chica aquí, además sinceramente tú te vez mejor que yo – le asegure aun pensando en besarlo
-        No, - negó riéndose y enseñándome sus dientes  – ¿No ves a tu alrededor? – me pregunto aun con una sonrisa mientras ponía sus brazos  arriba del piso - Sabes hay muchas chicas – por primera vez mire alrededor y realmente me di cuenta que no estábamos solos, pero ese era el punto solo lo veía a él y a nadie más.
¿Podría está loca? ¡Enferma???

-        Ya se – le mentí – Claro que se que no soy la única chica de aquí, pero en tu vida deberías solo verme a mí – le exprese cruzándome de manos y arreglando lo que había dicho

Gustavo puso sus ojos en blanco y luego salto para salir de la alberca.

El agua escurría por todas partes, se veían pequeños diamantes de agua en su cuerpo atlético y su cabello café quedo todo hacia atrás.
No pude descubrir ese sentimiento de satisfacción al verlo. Mi cuerpo recordaba sus caricias y aun así quería que me tocara más y más.

Desvié la mirada mientras él se acercaba hacia mí, para tratarme de contentarme. La verdad era que no estaba molesta.

Con Gustavo que chica podía molestarse, ni yo podía…

Mire directamente el jardín que se encontraba detrás de esos grandes ventanales que cubrían la alberca, pero la realidad es que no miraba nada, solo sentía y pensaba en cómo no pensar en otra cosa que no fuera Gustavo.

Mi vida no podía basarse solo en él…

¿Debía de tener alguna clase de hechizo?

¿Puedes vivir solo dependiendo de una sola persona?
La respuesta fue automáticamente y en ella exprese un rápido pero muy acertado “NO”

Suspire muy a mi pesar

-        ¿Qué te preocupa? – pregunto Gustavo poniéndome una mano sobre mi hombro y eso me hizo girar mi cabeza para mirarlo. - ¿estás enojada?
-        No para nada – le dije sinceramente y le sonreí
-        ¿entonces que te preocupa? – volvió a insistirme. En verdad Gustavo siempre sabia lo que tenia o tal vez era muy expresiva con mis sentimientos sin que me diera cuenta – No es nada – desvié mi vista de nuevo

No volvió a insistir, pero sabía que dentro de un par de horas volvería a insistir.

Era muy feliz y no voy a negar afortunada por poseer a Gustavo, porque para una persona como yo es como sacarme la lotería, como bajar a  un ángel del cielo, como mover ese mar infinito y como encontrar tu alma gemela al instante y saber que es perfecta.

Porque puedo asegurar que Gustavo era mi alma gemela. Era mi cuerpo, mi alma y mi corazón.
En pocas palabras mi vida entera, mi “Todo”.

Ahora entiendo que este fue el problema
¿Qué pasaría si mi todo me dejara?
¿Qué haría?

¿Moriría? Lo más seguro era que si…

Contuve el aliento. No debía pensar en eso. Además que Gustavo nunca me dejaría o ¿sí?

Trate de alejar ese pensamiento absurdo

De pronto sentí su mano, esa sensación de calor recorrió mi cuerpo y la suavidad de su mano me hizo temblar.
Recorrió mi cintura lentamente hasta llegar en la parte de mi estomago, en ese momento me tenia abrazada y su pecho fue mi apoyo.
Mire hacia arriba y vi su rostro, ese rostro magnifico que el poseía. Ese rostro angelical, ese rostro de bondad, ese rostro que solo podía ser de un ángel caído.

Parpadee varias veces y luego el bajo lentamente su rostro y me beso lentamente. Sus labios sabían dulces y frescos

No pude resistirme
¿Y quién podría? ¡¡¡YO NO!!!!

Su lengua se movió lentamente con la mía hasta que él se aparto y comenzó a besar mi hombro desnudo y recorrió mi cuello. Fue una sensación muy prendida y muy placentera.

Debía recordarme a mi misma que estábamos en público. Pero había algo dentro de mí que me decía que debía aprovechar más de él, todo, todo de Gustavo.

Después de jugar un poco con mí cuello volvió a hablar.
-        Recuerdas que esta mañana te mencione sobre mi madre – me susurro.
Obviamente como podía olvidar ese asunto, de hecho eso me preocupa.
-        Si – respondí sin ponerle tanta atención. Creo que mi mente solo viajaba en las diferentes reacciones que sentía cuando él me tocaba o me besaba.
-        Pues… - se detuvo y giro mi cabeza lentamente con un dedo para que yo lo viera – ella llegara mañana
-        ¿Quién ella? – pregunte estúpidamente

Gustavo en vez de enojarse o regañarme por mi falta de atención ante ese tema solo comenzó carcajearse.

-        ¿¡qué?! – le demande con los ojos muy abiertos
-        Te estoy diciendo que mañana llegara mi madre – se detuvo y me pego levemente con dedo en la nariz – tontita
¿Cómo era posible? Si apenas esa misma mañana me había dicho que su madre podría venir…

o… o… tal vez, Gustavo lo había ocultado días atrás…

Lo mire aun pensando en eso…
-        ¡Oye! – le reclame – En primera esta mañana me anunciaste que vendría tu madre y ahora resulta que mañana llegara?, segundo cuando te dijo la fecha exacta? Y por ultimo no soy una tonta, solo que no es justo que me distraigas – Me sentía molesta y al mismo tiempo avergonzada.
-        Uff – suspiro – Me siento en un confesionario – dijo un poco serio – La verdad es que hace una semana me dijo mi madre que vendría – iba a preguntarle lo más obvio pero él me detuvo – No te lo dije porque sé que te preocuparías por algo que no vale la pena –entrecerré los ojos – o me negaras que no estas preocupada? – gire los ojos – Vez, se que estas preocupada, eso es lo que evitaba y – se acerco mas – Aun no puedo creer que estés tan sumergida en mis caricias que no tomas en cuenta a los demás – expreso con incredulidad
-        Así es – afirme rozando levemente sus manos que se encontraban aun en mi cintura
-        Eso si es tonto – espeto con una mueca. Se veía inconforme
-        ¿y cómo es tu mama? – desvié la plática y me siguió la corriente
-        Ella es… - trato de describirla – Bueno, es un poco exigente, - cualquier mama lo era, dije entre mis adentros – despreocupada, un poco…
-        ¿un poco qué? – dije curiosa
¿Por qué se había detenido?

-        Ya la conocerás – espeto con un susurro aun pensativo.
Algo me decía que la madre de Gustavo era más especial de lo que quería admitir y me lo afirmo con:
-        Pase lo que pase, recuerda que te amo, ¿ok?

¿Eso que se suponía que significaba?

Solo le respondí que “si” y ya no insiste sobre el tema de su madre.


Ahora en verdad creo que debí platicar mas ese día con Gustavo sobre su madre. Pero no fue así…

Nuestra platica término allí, pero no mi problema con el agua…



Cuando mi amiga regreso después de algunos minutos…
-        Solo empecemos – comenzó desesperada Cinthia cuando nos encontrábamos a un lado de la alberca de natación, donde ambos había tomado clases en el pasado – Ya! – salto Cinthia con un clavado perfecto y comenzó a nadar rápidamente, no se… pero simplemente sentí la necesidad de salir corriendo iba ha hacerlo cuando vi a mi amor Gustavo del otro lado mirándome con unos ojos soñadores, no podía decepcionar esa mirada, no podía… y salte.

Comencé a sentir que mis manos no respondían, que el agua me jalaba y de pronto sentí mucha agua entrar en mi nariz. No podía respirar y el ultimo pensamiento que tube fue que iba a morir.



---------------------oOo……………………….
Un calor incontrolable hizo despertarme en la oscuridad de una habitación, cuando me di cuenta que me encontraba en la recamara de mi amado Gustavo respire profundo y comencé a sentir un fuerte dolor en mi pecho. Mis manos automáticamente fueron para presionar un poco la parte donde me dolía, pero la presión no causaba dolor o alivio, y al momento de jalar automáticamente mi mano derecha algo se movió en mi muñeca, pude observar una aguja y cuando seguí la vista por el pequeño tubo de plástico transparente vi a un lado de mi una bolsa de suero colgando.

Maldición…

Mi primera vez que nadaba y ya estaba a punto de morir…

Deshice algunas cobijas para liberar un poco el calor, cuando descubrí el causante de mi exceso de calor: Allí estaba Gustavo dormido en una posición incómoda.
Sus ojos se veían cansados y unas grandes pestañas delataban su hermosura.
No pude evitar tocar con un dedo sus pestañas largas, cuando lo hice el abrió los ojos y me miro fascinado.

-        Lo siento… - comencé a disculparme pero él puso un dedo en mi boca
-        No te preocupes, - me susurro seriamente – Me preocupaste mucho, ¿sabes cuánto tiempo estuviste así? – pregunto desviando la mirada por un instante.
Su cara reflejaba cansancio y al mismo tiempo un poco de alegría por verme despierta.

Mi cerebro comenzó a trabajar para recordar y pero mi última imagen fue cuando Gustavo comenzó a darme respiración de boca a boca…

Lo único que pensé en ese momento fue que si moría, al menos me llevaba conmigo mi último beso, pero ya que no morí supongo que Gustavo estaba muy preocupado, entonces eso significaba que yo debía estar inconsciente por lo mucho unas cuantas horas o al menos eso esperaba.

No creo que pudieran ser más de ocho horas

-        Yo… - me comencé a sentir mal por haberlo preocupado
-        Te amo – y me abrazo tan fuerte que en verdad dolió, pero disfruté su abrazo más de lo normal
Con ese abrazo me dio a entender que no solo se había preocupado, si  no que temió por lo que pudiera pasar.

Sintió que me pudiera perder

Comenzó a acercarse lentamente para besarme pero alguien impidió nuestro beso.
Cuando gire a ver de quien se trataba me di cuenta que era una señora de unos treinta y algo de años. Tenía un cabello negro corto y sus ojos cafés tenían la similitud de los ojos de Gustavo.

Levante una ceja levemente.

¿Esa señora que estaba allí era la madre de Gustavo?
Entonces eso significaba que realmente me quede inconsciente más tiempo de lo que imagine

-        Lamento interrumpir – susurro con una voz neutral – Pero hijo creo que deberías bajar a cenar – le expreso a Gustavo con una sonrisa
-        No madre, yo comeré aquí con Rebeca – expreso su sentir mi novio
-        Es verdad, debo ser muy grosera – comenzó a disculpase - ¿rebeca, verdad?
-        Si – le respondí no muy convencida de su disculpa, creo más bien que solo quería ignorarme
-        Qué bueno que ya despertaste – me miro con una intensidad, que tuve que bajar la mirada – Hijo, creo que Rebeca se sentiría mejor si la dejaras hacer su aseo personal

El tono en como lo dijo me hizo sentir que quería sacarme lo más posible del lado de Gustavo y eso comenzó a calvar algo en mi corazón.
En verdad yo nunca planee ahogarme y quedar inconsciente por dos días enteros. Nunca lo imagine y creo que la bienvenida de su madre fue arruinada por mi culpa.

Está bien, no fue una buena presentación, pero yo contaba con presentarme lo mejor posible ante ella. No quería que pensara que no valía nada y ahora con su actitud me demostraba que no está feliz con ver a su hijo conmigo.
¿Qué podía hacer ante eso?

-        Tienes razón – acepto Gustavo con una sonrisa y cuando se despidió de mi sentí un vacio en mi corazón, no quería que me dejar y mucho menos con su madre allí.

Al cerrarse la puerta detrás de él sentí que esto iba a ser algo no tan bueno.
-        Rebeca, quiero ser clara contigo – comenzó esa señora de aspecto airoso y neutral. – Mi hijo es un buen partido, ¿no es así?

Su pregunta me hizo sorprenderme y pase saliva
-        No tienes que responder, se que lo es – se respondió a sí misma – Mi hijo es de buenos sentimientos, atractivo y con dinero… supongo que eso es un buen partido para cualquier chica – siguió mientras pasaba una mano sobre su frente para quitarse un mechón de la cara – Supondrás que él necesita a alguien de igual forma, - dijo sutilmente – Y no puedes ser tu – esa última palabras hizo que mis temores se hicieran ciertos

No podía quedarme solo callada, tenía que lugar por el amor de Gustavo y por mi propio bien.
-        Lo amo y él me ama- le respondí con voz un poco temblorosa – Eso es suficiente para los dos
-        Mi hijo solo es un chico de quince años, no sabe lo que es el amor, un día llegara otra chica y tu no existirás para él – me una verdad cruda y cruel
Ella podía tener razón, pero ahora, pero hoy Gustavo me amaba y yo lo dejaría por nada y ni por nadie.

-        Sea lo que sea, que intente hacer señora – dije con todo el respeto que me fue posible. Porque la verdad tenía ganas de fritarle y mandarla por un… - No funcionara – exprese lentamente – Yo amo a Gustavo y no lo dejare y ni siquiera por usted…
-        Está bien, pero debo decirte que él ya tiene un destino y ese  no es contigo
-        ¿Qué quiere decir? – pregunte casi saltando de la cama
-        Solo que ya tengo a una chica que es perfecta para él – cruzo sus manos estrictamente – él se casara cuando este en la Universidad

No podía creerlo, incluso tenía planeado la vida de su hijo, no podía creerlo, no podía ser tan posesiva, tan…

-        Él se quedara conmigo – asegure con todos mis sentimientos
-        Ya lo veremos – me reto – Mientras tanto deberías empezar a empacar tus cosas
-        ¡No pienso irme! – le negué frenéticamente, esta vez no pude evitar subir la voz – No me iré
-        No es que quieras, es que te irás y no te correré yo, tu mismas te marcharas por tu propia cuenta – se detuvo un momento y suspiro – Tu misma te iras de esta casa y no regresaras, -miro hacia otro lado pensando – Claro, después de que le digas a mi hijo que quieres terminar con él y que te vas

Si que estaba loca, lo nunca admitiría algo como eso, yo nunca le diría algo así a Gustavo. No me sentiría capaz de dejarlo y mucho menos romperle el corazón a ese ser divino como él.
No lo haría, no, nunca….

-        No lo haré – me negué saliendo de la cama y encarándome con esa señora de corazón frio como el hilo.

Como me decía mi padre: siempre me encontraría personas que solo estaban para destruir la vida de otros.
Esa era una maldita vieja loca que fue mi gran piedra entre el amor de Gustavo y el mío.
Pero estaba equivocada si era así de fácil sacarme de su casa, no me iria sin Gustavo.

Una idea me entro en mi cabeza.
-        Esta bien – acepte recogiendo mis cosas – Pero me ire con Gustavo, me lo llevare lejos de usted

Fue como si le diera una cachetada o le arrojara un balde de agua fría. Fue algo que nunca espero de mi.
-        De acuerdo – ella comenzó con su juego – No le daré nada de dinero
-        Yo trabajare por él y estoy segura que aun así vendrá conmigo
-        No he terminado – si su veneno aun empezaba, pero yo ya no la mire tenía en mente irme de allí y llevarme conmigo a Gustavo. Recogía mis cosas metiéndolas en la maleta café que alguna vez fue de mi padre – Esta bien llévatelo, pero antes hablare con mi hijo y le diré que su amada novia Rebeca es una zorra

Me gire bruscamente. Yo no era ninguna zorra
Iba a reclamarle cuando:
-        Lo negaras? – pregunto con una mueca  de asco – Estos dos días que estuviste inconsciente me sirvieron para investigarte y sé que tu madre era una de esas mujeres de la calle – comencé a negar con la cabeza mientras tenía mis puños cerrados alrededor de una falda roja – Esas mujeres que vende sexo, las cuales nunca tuvieron una familia o no le intereso una, conoció a tu padre y se embarazo de ti – estaba contando la historia de mi familia – tu madre nunca quiso hacerse cargo de ti, pero como tu padre daba una buena cantidad de dinero escogió tenerte, pero sin casarse y formar una familia – mi respiración comenzó a hacerse más rápida –Tu padre la amaba tanto que hace un par de meses atrás se suicido, no? – no era una pregunta más bien lo sabía de sobra – Tu madre bueno nunca fue una madre para ti, según investigue tu madre siguió en sus andanzas y cuando no podía con los gastos te mandaba a ti a trabajar… - no podía mirarla tenía un gran nudo en mi garganta - ¿Qué trabajo era ese, rebeca? – pregunto sínicamente

Temblaba de pies a cabeza, era un pasado que quería olvidar y con Gustavo lo había hecho, pero aquí estaba otra vez atormentándome y saliendo a la luz para destruirme.

-        Te quedas sin palabras? – no podía hablar, ni siquiera defenderme. No sabía cómo responder, como actuar y mi cabeza estaba bloqueada – Responderé por ti – expreso fríamente – Tu también ofreciste sexo a otros más grandes y chicos, ¿no es así?... – busco mi mirada - ¡No es así! – me grito – Eres una cualquiera, zorra… - me lo dijo en la cara, como si me escupiera eso - ¿Aun así quieres llevarte a mi hijo?

Entonces supe su jugada y fue cuando la mire asustada. Yo por primera vez me sentí asustada. Nunca me sentí tan asustada o más bien nunca lo había demostrado y ahora todos mis sentimientos vinieron sobre mí.
Mire alrededor y le dije:
-        Me iré, no me llevare a Gustavo – negué rápidamente con mi cabeza – Pero por favor, no le diga eso… No le diga lo que paso, no…

No lo soportaría, iba a decir, pero no termine porque las lágrimas comenzaron a caer y mi miedo se apodero de mí. Mucho miedo, tanto que compense a caer en el suelo y llore.
-        No eres tan fuerte como me decía mi hijo – dijo fríamente, pero triunfante ante mis palabras – Te daré  cuatro días y eso es todo – salió de la habitación azotándola.

Allí me quede llorando en silencio

Todo mi mundo se vino abajo, no dejaría que Gustavo conociera mi pasado, no lo soportaría, me sentiría tan avergonzada y sucia a lado de él. No podía dejarlo tampoco, pero tampoco podía decirle la verdad de mi pasado.
Esa verdad que siempre escondí, esa verdad de acostarme con un puñado de hombres e inclusive con mujeres. No dejaría que conociera esa parte de mí.
Tal vez su madre tenía razón merecía algo mejor que yo.
Alguien que no estuviera marcada, alguien que no fuera sucia y alguien que tuviera una feliz familia.
Yo tal vez no conocía a esa tal chica con la cual se casaría Gustavo, pero era mejor así. Al menos tendría cuatro días para dejar todo arreglado.

Primero me despediría de él y luego Gustavo debía odiarme. Tendría que odiarme para dejarme ir. Mejor sentir odio que un amor atormentado.
Mejor sentir odio, que dolor por amor.

Yo tal vez moriría, o tal vez solo sobreviviría. No sé, pero ahora solo disfrutaría las horas restantes con Gustavo hasta no poder.

Lo iba a dejar y eso hacia derrumbar mi mundo.
Me moriría sin él… Pero en mi futuro esperaba volver, al menos para verlo.
















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